Marcelo, el ángel de la guarda de Fernández-Díaz

CV3OfXeWoAESPLk.jpg-large

Estimado, o no, Jorge:

Me embarga la preocupación (y como catalán, Montoro también, todo sea dicho). Digo que me embarga la preocupación porque te veo fatal. Tienes unas ojeras que te llegan al ombligo (llámalo ombligo… centro del universo…). Ya sé que haces poco deporte. Te limitas a pasear a tu perra Lolita a 5 o 6 Km/h (que, teniendo en cuenta que es un animal pequeño, un día se te asfixia y le has de hacer el boca a morro). Quizá te faltan horas de sueño o llevar una existencia terrenal más sana. No te tomes las cosas tan a pecho, que la vida son cuatro días y las mayorías absolutas resultan efímeras (afortunadamente). Y es que, después de leer la entrevista que te ha hecho Víctor Amela en La Vanguardia, sólo puedo recomendarte que acudas a un especialista. Bueno… a varios y de diferentes disciplinas. Mira, Jorge, me ha preocupado bastante la última respuesta. A la inocente afirmación del señor Amela, “yo también creo en el ángel de la guarda” has respondido: “yo también tengo el mío (…) Marcelo, llamo al mío. Me ayuda en pequeñas cosas, como aparcar el coche”. Jorge, en serio, estás fatal. Una pregunta: cuando metes la marcha atrás para aparcar, ¿oyes un pip, pip, pip, que se va haciendo más intenso cuanto más te acercas al coche trasero? Si es así, no debes preocuparte. Se le llama “sistema de aparcamiento asistido” y lo incorporan de serie los vehículos más modernos. Léete las instrucciones del coche. Llámale Marcelo, Dionisio o Fabriciano, pero es normal. Otro día te explicaré para qué sirve el GPS. Tom Tom go, le llamo yo. Pero no es un ángel. En serio.

De todas maneras, si cuando estás solo en el coche, oyes una voz que te grita mientras aparcas: ¡¡¡Tira!!! ¡¡¡Tira!!! ¡¡¡Endereza, coño!!! ¡¡¡Que no, joder!!! ¡¡¡Endereza!!!, en ese caso es probable que se trate del típico vecino tocacojones que no tiene nada mejor que hacer. Tampoco debes preocuparte. Cambia de vecindario.

El problema sucedería si son las cuatro de la madrugada, llegas solo a tu casa después de un retiro espiritual y una voz en eco te empieza a susurrar: Jorge, ge, ge. Pon la marcha atrás, trás, trás. Endereza, eza, eza. Así, sí, sí. Gira, ira, ira. En este caso, ministro, necesitarás todo el arsenal que cocina Walter White en Breaking Bad. Se precisan muchas metanfetaminas para solucionar eso.

En serio, estoy un poco acojonadillo. ¿Qué sucedería si a ese ángel de la guarda se le cruzan los cables un día y empiezas a embestir coches como Miguel Ángel Rodríguez cuando se va de retiro espiritual?… bueno, de fiesta, mejor dicho. Si ese Marcelo es un cachondo puede llevarte a situaciones poco recomendables en un ministro. Verte colocándole una medalla a la Cibeles de madrugada porque Marcelo te lo ha puesto como deberes es algo que podría comprometer tu carrera política. Bueno, quizá te saliese trabajo en Jackass. Dios aprieta pero no ahoga.

Al final, ya sabes lo que dicen: si le hablas a Dios, eres un creyente. Pero si es Dios quien te habla, es que estás como una cabra. Por si acaso, pon el seguro del coche a todo riesgo… pero no le dejes leer la entrevista a tu agente de seguros.

Em pots seguir al Twitter @blogsocietat i també al Facebook