La teoría conspiratoria de la berenjena #SpainIsPain

rajoy2

Estimado psicoanalista social:

Estamos llegando a unos niveles de paranoia colectiva inasumibles para una sociedad. Hace tiempo que traspasamos la línea roja que separa la cordura de la sinrazón. Se afirman sin ningún tipo de rubor teorías conspiratorias que convertirían a John Le Carré en un becario con ilusión pero sin experiencia. La última muestra de locura desenfrenada es que todo un presidente asegure que en los colegios catalanes no se puede hablar en español (por cierto, el día que le llamen castellano, en vez de español, quizá es que se han dado cuenta de sus incoherencias nacionalistas).

Vivimos en un país (aunque me temo que no es el único) en el que cualquier mindundi con ínfulas se atreve a realizar la más kafkiana de las afirmaciones sin que se le caiga la cara de vergüenza y, lo que es más patético, sin ninguna prueba que confirme la acusación (principio básico en cualquier estado de derecho: uno tiene que demostrar la acusación. No es el acusado quien tiene que probar su inocencia). Y es que el proceso político-mediático-neurótico cualquier día de estos podría ser el siguiente: alguien en Twitter afirma que “fuentes todavía sin confirmar” aseguran que han visto a Artur Mas follarse a una berenjena. Así, a saco: Artur Mas se ha follado a una berenjena para aliviar las tensiones del proceso independentista. Inmediatamente se crea el hashtag #ArturMasFollaberenjenas. Obviamente se convierte en trending topic al momento. Y la peña se lo cree.

@trollporvocacion: racista de mierda. Como era negra le puso palote.

@españolhastalamuerteymasalla: seguro que la berenjena era de Murcia. #HortalizaEspañola

@vivaspaña: arribaspaña. Una bonba en el cam nou.

Pocas horas después la prensa se hace eco del rumor. Se envían a periodistas a cubrir la noticia. A alguien se le ocurre conectar en directo con una frutería cercana al domicilio de Artur Mas para entrevistar a un frutero despistado que dice no saber nada. El periodista insiste pero el frutero tiene mejores cosas que hacer y abandona la conexión porque una abuelita en segundo plano le pide con cierta vehemencia que le pese las patatas. El plano corto de una caja de berenjenas permite ver que una de ellas tiene un agujero en su centro geométrico, agujero que ha realizado el ayudante de producción fuera de cámara pero que, como si de una peli de Eisenstein se tratara, permite que el espectador se deje llevar por la teoría del montaje intelectual que el cineasta soviético llevó a la práctica.

Ana Rosa Quintana, Susanna Griso o La Sexta Noche montan unas tertulias de urgencia. Aparecen expertos en frutas y hortalizas hablando de las propiedades afrodisíacas de la berenjena, sexólogos que relatan con todo tipo de detalles el uso de las frutas en las relaciones de pareja y Albert Rivera, por si acaso.

Al día siguiente, Marhuenda publica una portada con una enorme berenjena y el titular: “Be… beren… berenjena”. En vez de llevar la etiqueta con el precio, ha colocado una estelada, cortesía del Photoshop. El Mundo saca en portada la factura de quien compró la berenjena con dinero de las arcas de la Generalitat. El ABC prefiere hablar de lo bien que le sienta el vestido a Letizia. Ellos, a su bola.

En definitiva, sé que mi teoría conspiratoria de la berenjena es absurda pero no es más ridícula que la que afirma que en los colegios catalanes no se puede hablar en castellano. Ah, se me olvidaba decirlo, ¡¡¡NO ME GUSTAN LAS BERENJENAS!!!

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