El discurso audiovisual del rey. Carta a un extraterrestre

rey1

rey

Estimado amigo extraterrestre:

Sé que nos vigilas para evaluar si somos interesantes o no de cara a una posible invasión. Piénsatelo bien. No harás un buen negocio. Te lo diré en idioma extraterrestre: “”%&”@%¿??** (traducido: estamos jodidos). La cosa está “mu malita”. Te lo dice un independentista catalán, experto en sentirse súbdito, colonizado y colonoscopiado (que vendría a ser lo mismo). Dejad que sean los ciudadanos chinos quienes nos invadan con bazares y tiendas de sushi. Al menos podremos comprar pilas baratas y dormirnos la lengua con wasabi. Además, así vosotros no cometeréis el error de buscar aquí inteligencia para complementar la vuestra. ¿Habéis oído hablar al de “un vaso es un vaso y un plato es un plato”? Pues eso.

Para que me entiendas perfectamente te voy a poner como ejemplo el mensaje navideño del rey. Quizá lo visteis desde vuestro planeta, más allá de un agujero negro donde espacio y tiempo se confunden más que Rajoy en un discurso improvisado. Ya os digo que perdisteis el tiempo. Los contenidos son iguales que la primera temporada pero la puesta en escena es peor. Un poco como “True detective” pero sin la genialidad de la primera temporada.

Para empezar, no acabo de entender por qué el mensaje del rey tiene que ser precisamente en Nochebuena. La gente está, en el mejor de los casos, peleándose con su cuñado por un langostino o discutiendo de política en plan: “los catalanes son muy suyos”. Que dejen a los españoles tranquilos. Después, bastante tendrán con analizar el contenido de villancicos como “pero mira cómo beben los peces en el río, pero mira cómo beben por ver al Dios nacido”. Ya es bastante surrealista la noche como para que encima aparezca alguien gesticulando ostensiblemente mientras lanza palabras como unidad, con cara de alegría, o austeridad, con cara de pena. El día de los inocentes sería más adecuado. Todo un homenaje a la inocencia del ciudadano español de a pie que, si fuera un celíaco, votaría al gluten.

Este año, además, al director de comunicación de la Casa Real se le ha atragantado Ciudadano Kane y ha colocado al monarca en plan postureo Charles Foster Kane en su Xanadú. El discurso audiovisual es lamentable: sentado en medio de la nada y rodeado de lujo anacrónico (e insultante ante la crisis). La imagen de soledad es clavada a la del magnate cinematográfico cuando pasea su automarginación por los pasillos de Xanadú. Si a Felipe VI se le hubiese escapado un “Rosebud”, el homenaje cinéfilo hubiese sido completo.

La realización televisiva merece un aparte. En las escenas dialogadas (y también en los monólogos) hay dos maneras de afrontar la puesta en escena: stand and delivery (quédate quieto y suelta el rollo) y walk and talk (camina y habla). No sé, amigo extraterrestre, si has visto alguna serie de Aaron Sorkin. Los personajes pasean y hablan, recorren largos pasillos, entran y salen de los despachos, y la cámara les sigue como un perro fiel. El resultado es de un dinamismo visual que lo hace moderno y atractivo. ¿Veremos algún día al rey hacer dos cosas a la vez que no sean gesticular y girar la cabeza de plano medio a plano medio, mientras se pasa por encadenado porque por corte sería un desastre? No hablo de utilizar drones que vuelen por esos salones, ni de travellings circulares de 360º que hagan girar su cabeza como la niña de El Exorcista. Hablo de revolucionar un poco el lenguaje televisivo. Ya que es imposible que en España se dé una revolución (en el nordeste quizá sí) al menos que la televisión se renueve un poco.

Y es que me imagino al protagonista haciendo un walk and talk en el Born y me apuesto lo que sea a que las audiencias serían estratosféricas. “Es un motivo de orgullo y satisfacción para mí pasear por este lugar tan emblemático donde hace 300 años no se respetaron las leyes y se bombardeó a la población civil sin ningún tipo de escrúpulo”. Bueno… vale… es demasiado radical. Pues, si se empeñan en demostrar la modernidad de la monarquía, que el próximo mensaje se haga desde un Starbucks. Un sillón lleno de manchas sospechosas, un Macbook air, un Espresso Machiatto humeante en la mesa, un hipster barbudo en el fondo y, como música ambiental, indie británico. ¿A que mola la idea? Y nada de hablar de unidad y diversidad y la Corona y la Constitución y patatín y patatán. Un discurso valiente del tipo: me comprometo a apoyar un referéndum sobre el modelo de estado, me comprometo a cambiar de la Constitución todo lo que el pueblo español decida y me comprometo a reconocer la legitimidad de un referéndum de autodeterminación en Catalunya. Sí, ya lo sé, mis sueños son más peligrosos que hacer el amor en un sillón del Starbucks pero…

Bueno, amiguito extraterrestre, si estáis pensando en invadirnos, será mejor que veáis cualquier talent show antes que el mensaje navideño del rey. Hay gente que canta y que cocina. Si queréis morir de algo, que al menos sea con la versión de una ranchera de Bertín Osborne interpretada por una adolescente motivada o con “León come gamba”.

Em pots seguir al Twitter @blogsocietat i també al Facebook