El deporte nacional #CuentoColectivo

Micro

Hoy voy a realizar un pequeño experimento de creación colectiva. He empezado a escribir un relato llamado EL DEPORTE NACIONAL. Me gustaría mucho que lo continuarais en el apartado de comentarios de la página de Facebook de este blog. Prohibido escribir comentarios que no añadan contenido al cuento (los borraré. En mi casa jugamos así). No hace falta que escribáis muchas palabras. Se trata de ver cómo, entre todos/as, la historia va adquiriendo matices y cómo van surgiendo nuevos personajes y conflictos. Puede ser divertido. El resultado da igual. Hemos venido a emborra… Perdón, hemos venido a dar rienda suelta a la creación literaria. Ánimo.

EL DEPORTE NACIONAL

Nuestro protagonista vivía con dos grandes obsesiones: convencer a todo el mundo y que le dieran la razón. Eran sus dos deportes favoritos. Lo de sumergirse en los pasillos con olor a goma del Decathlon para comprarse ropa fosforescente que le marcara el culo y los michelines y, a continuación, correr por la Diagonal sorteando, lo que él llamaba, sociópatas con bici, no le seducía. A él lo que le ponía eran las tertulias. Tampoco le importaba demasiado el tema que trataran. Era un todoterreno de la tertulia permanente. Política, deporte, ciencia, literatura… Carecía de la más mínima importancia el contenido principal objeto de la tertulia. Para nuestro protagonista la razón principal de su proyecto vital era convencer a los demás de sus argumentos y, sobre todo, que finalmente alguien dijera: “joder, tienes razón”. Esas tres palabras le provocaban la mayor de las eyaculaciones intelectuales que puede experimentar un ser humano. Era tal la oleada de placer que sentía que hasta el sexo había dejado de interesarle. Un orgasmo, en comparación, no era más que un ligero cosquilleo efímero y carente de interés. Al fin y al cabo, el pajarito hacía tiempo que no volaba.

Nuestro protagonista vivía con los auriculares pegados en las orejas. Necesitaba inyectarse en los tímpanos todas las tertulias radiofónicas del espectro de la FM. Desde los 87 hasta los 108MHz se sabía de memoria el horario de todas ellas. Y como algunas se emitían a la vez, recurría a los servicios de podcast con la ansiedad de un adicto.

Dividía a los tertulianos según el grado de coincidencia con sus opiniones. Estaba el grupo que coincidía al cien por cien en todo tipo de temas, el grupo de tertulianos que casi siempre coincidía con su visión del mundo y el grupo que jamás se había mostrado coincidente en ninguna cuestión. Su sueño era participar en una de estas tertulias para que el tertuliano más radical de este grupo pudiera decirle ante toda la audiencia: “joder, tienes razón”.

Em pots seguir al Twitter @blogsocietat i també al Facebook