Feliz 2016: la catalanofobia ataca de nuevo

 

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Estimada, o no, Nuria:

Te escribo para felicitarte por tu aguda observación. Si un niño de tres años, que se llama Jordi y está siendo formado en el sistema educativo catalán, se pierde en un bosque situado en territorio catalán en el que, casualmente, vive una más que importante comunidad catalanohablante, lo más lógico es utilizar una lengua con mayor presencia en el mundo: el chino. Así, todos los mensajes a los que haces referencia deberían haber sido del estilo: 已经失去了一个名为尔迪男孩

De esta manera, si al niño de tres años se le hubiese ocurrido irse caminando a la región de Heilongjiang, situada en el nordeste de la República Popular China, estoy seguro de que toda la comunidad tuitera china se hubiese puesto a buscarlo. Es una lástima que Twitter esté prohibido allí desde el 2009. Sin embargo, cuenta con más de 35 millones de cuentas y es muy probable que cualquier ciudadano chino que hubiese visto a Jordi paseando confundido por Harbin, hubiese respondido rápidamente a la llamada. Si es que no hay nada como saber idiomas.

Es como saber castellano. Muy útil si viajas a Heilongjiang y quieres comer paella. Bueno… al arroz le ponen curry y se la comen con palillos pero, si eres español, jamás se pone el sol para ti. ¡Que para eso el imperio español colonizó el mundo! Además, tal como dijo el campechano en el 2001, “el idioma de Cervantes nunca fue una lengua de imposición, sino de encuentro”. Por eso los colonizadores abrieron academias en América para que los indígenas pudieran estudiar castellano con tarifa plana y horarios flexibles. Bueno, por eso y porque al final en 1696 Carlos II estableció que el castellano sería el único idioma que debía ser empleado en los asuntos oficiales y el gobierno del virreinato. También el castellano fue en Catalunya una lengua de encuentro. Se demuestra en los “Como_hables_en_catalán_te_doy_dos_hostias_Awards”, premios literarios que promovió Franco y que tanto amor despertaron en la comunidad catalanohablante.

En fin, Nuria, sé que no lo admitiréis pero tenéis un problema: ignorancia. El mundo es precioso, es rico, es variado. Sólo tienes que pasearte por cualquier lugar más o menos cosmopolita para percibirlo. Ves un maravilloso crisol de razas, un melting pot en el que las sociedades heterogéneas gradualmente se convierten en sociedades homogéneas formadas por la convivencia multiétnica. La ignorancia, sin embargo, lleva a que este modelo de sociedad, que debería ser pacífico y de respeto, se convierta en conflictivo en demasiadas ocasiones. Porque cuando se considera que tu Dios es el mejor, que tu lengua es la mejor, que tu cultura es la mejor y, en definitiva, que tu modelo de sociedad es el mejor, es cuando nace el odio a la diferencia. Y eso sí que es un fracaso. Es un fracaso esa visión colonizadora que pretende entrar como un elefante en una tienda de porcelana en aspectos tan sensibles como la cultura. Como sociedad, es un fracaso que personas como tú vean al catalán como un idioma inútil porque, como ya he oído más de una vez: “para eso está el castellano”. Es tan surrealista como decir que comer mongetes amb botifarra es inútil porque para eso están los Whoppers, ya que Burger King cuenta con más de 13.000 establecimientos en 88 países del mundo.

Muchos catalanes piensan, sienten, hablan, leen, escriben y viven en catalán. Por eso hay literatura en catalán, teatro en catalán, cine en catalán, canciones en catalán… Por eso, en definitiva, hay una cultura catalana milenaria. Ni mejor, ni peor que la castellana. Y no tan diferente de la de un señor de Heilongjiang. Porque, al final, somos tan iguales o tan diferentes como la ignorancia (o la sabiduría) quieran ver.

Lo mejor de todo es que Jordi, el niño catalán de tres años que se perdió en un bosque catalán y que motivó que muchos tuiteros catalanes difundieran mensajes en catalán para ayudar, está sano y salvo. Y esto vale un mundo. Això val un món.

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