Estimada Beltz

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Estimada Beltz:

Quizá estoy equivocado pero yo al planeta no lo hacía tan joven. Sé que a veces da la impresión de dejarse llevar por esa espontaneidad de la juventud y que, sin duda, está lleno de energía, pero también da señales de haber dado demasiadas vueltas sin destino. Y eso es patrimonio de la edad en la que me encuentro. Palabra de cuarentón.

Te sorprende que el planeta siga en pie, a pesar de la mediocridad por la que en ocasiones parece ser liderado. Y ésa es precisamente la clave: que el mundo siga sorprendiéndonos, con sus ya 2016 años de vida (o un poco más… unos milloncejos más, en definitiva). Jamás hay que perder la capacidad para la sorpresa. Veo que eres joven y eso provoca que tu capacidad para la sorpresa aún sea inercial. No dejes que se detenga. Jamás. Despiértate con la idea de que el día te va a sorprender, de que aún quedan muchas cosas por hacer, por disfrutar. Uf… lo siento… Ya te estoy sermoneando, te estoy dando la vara con el mismo tono paternalista con el que seguro que te castigan tus padres o tus profesores. No es mi intención. En el fondo te escribo porque tengo miedo, pánico a que un día el mundo deje de sorprenderme, a que sólo vea burros a mi alrededor cuando en realidad son personas tan confundidas o tan desorientadas como yo.

¿Sabes lo que pasa? Que todos improvisamos. Sí, todos vamos improvisando. Nadie sabe nada. Nadie nos explica cómo llegar a ser el joven, el cuarentón o el anciano que pretendemos ser. Nadie tiene la más remota idea de cómo evitar que se abra la posibilidad de inaugurar nuestro particular museo de oportunidades perdidas. Improvisamos cuando una chica o un chico nos gusta y no sabemos cómo decírselo sin que se note demasiado. O cómo decírselo para que se note lo suficiente pero sin quemar las naves en el intento. Improvisamos ante el primer beso o cuando nos desnudamos para explorar otros cuerpos. Improvisamos cuando somos padres o madres y la responsabilidad nos atenaza ante un biberón que jamás está a la temperatura que se supone que debe estar. Improvisamos ante puestos de trabajo que no siempre nos hacen felices. Improvisamos cuando nuestro cuerpo nos duele cada vez más, en ese momento que separa la vigilia del sueño ante despertadores traidores. No hay respuesta global: vamos improvisando.

Pero la improvisación se puede planificar de alguna manera. Hay respuestas parciales, pequeños fragmentos de una verdad mucho mayor, que provocarán que no te sientas tan perdida. Ya sé que a veces esas respuestas son tan confusas como las traducciones de un manual de instrucciones originalmente escrito en chino. Sin embargo, no dejan de ser respuestas.

Lee. Lee mucho. Disfruta de la lectura. Sumerge tus ojos en las mejores páginas. Allí encontrarás el camino directo a las almas de otras personas, tan confundidas como tú o como yo, tan perdidas en el mapa de las relaciones humanas, de la nostalgia del pasado, del miedo a crecer, del pánico a la soledad. Lee y escribe. Inventa mundos porque éste es muy pequeño. Imagina posibilidades, traza caminos por descubrir en el territorio de las palabras. Junta verbos con artículos, sustantivos, adjetivos y preposiciones. Regalarás al mundo tu visión, única, irrepetible y, al mismo tiempo, lograrás aumentar las páginas de tu manual de instrucciones personal que, sin duda, utilizarás alguna vez en el futuro. Además, te servirá para recordar quién fuiste, cuando la capacidad para la sorpresa te hervía en la sangre.

Viaja. Viaja mucho. Viaja a países en los que la lengua sea un inconveniente a priori. La música de las palabras será diferente pero no sus instrumentos y, poco a poco, te sonará cada vez más familiar. En otros lugares descubrirás formas diferentes de vida, sabores diferentes, colores diferentes, paisajes humanos diferentes. En la diferencia hallarás igualdad. Sé que suena a oxímoron falsamente ingenioso pero estoy convencido de que la diferencia es, en el fondo, lo que nos hace iguales en lo esencial. Viaja. Viaja a otras mentes, a otros sentimientos, a otros seres. Habla con ellos pero, sobre todo, escúchales. Abre la mente a opiniones muy diferentes a las tuyas. Nadie tiene toda la razón. Nadie tiene un manual de instrucciones mejor que el tuyo porque, lo que a ellos les sirve, para ti quizá sea ese extraño manual de instrucciones mal traducido del chino original.

Estimada Beltz: la vida es absurda. No faltan argumentos para demostrarlo. Lo que quizá nos falte es sentido del humor para aceptarlo. Para aceptar, por ejemplo, nuestra finitud, que somos vulnerables, frágiles, temporales…

Me despido con un beso que deposito en tu reflexión. Tiremos cohetes para que el mundo siga en pie con un poco más de color en el cielo. Efectivamente. Es para alegrarse. Después de 2016 años del nacimiento de… Bueno… dejaré en manos de tus profesores la explicación de qué sucedió en el año 0. Te digo “hasta siempre” con la esperanza de que, si alguna vez me ves haciendo cosas raras, pienses que no soy tan burro como puedo aparentar. Simplemente, voy improvisando.

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