El síndrome de enfant terrible

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Estoy harto del puñetero síndrome de enfant terrible. No, no lo busques en ningún diccionario de psicología. Me refiero a esos presuntos comunicadores/periodistas/escritores/y de todo un poco que practican el noble (aunque en su caso, estridente) arte de provocar. Que Marcel Duchamp cogiese un urinario y lo expusiese cual obra de arte en un museo, puede parecer un acto de rebeldía sin fundamento. Sin embargo, el debate que estableció, permitió establecer los límites del arte y remover las pupilas más conservadoras. Que Jackson Pollock situara el lienzo en el suelo y con un bote de pintura y una brocha dejase que las gotas crearan un nuevo lenguaje, da la impresión de ser el capricho de un loco (muy estable tampoco estaba, eso es cierto). Pero su influencia posterior fue extraordinaria. El action painting y el expresionismo abstracto no tienen nada que ver con algunos tweets que huelen a morcilla de cebolla y vino peleón. Cuando Oscar Wilde dijo “si la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado” da la impresión de que se tragó el manual del perfecto chulo pero la lectura de cualquiera de sus obras y un breve repaso por su biografía nos hablan de su genialidad y de cómo se enfrentó al conservadurismo más atroz.

Sin embargo, la inmensa mayoría de estos comunicadores/periodistas/escritores/y de todo un poco a los que me refiero no poseen ni un solo gramo de la inteligencia creativa de Duchamp, Pollock o Wilde. Y alguien que les quiera, se lo debería decir.

Provocar es muy fácil. Especialmente cuando la provocación viene acompañada de insultos, menosprecio y amenazas. Lo hacen los niños pequeños cuando son incapaces de gestionar sus emociones. Morritos, mirada furiosa, brazos cruzados y frases entrecortadas por la rabia. Pero son niños y no comunicadores/periodistas/escritores/y de todo un poco que poseen una maquinaria mediática detrás que les ríe las gracias y que generan estados de opinión tóxicos. 

La inteligencia es otra cosa. Provocar por provocar, ser antitodo y pronada, adoptar el aire de suficiencia de un “soy intelectual y tú no” es algo con lo que me cuesta dialogar. Como diría el gran Joan Tardà del Polónia de TV3: ho sento, algú ho havia de dir.

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