Carta a Miguel Ángel Rodríguez

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Estimado, o no, Miguel Ángel:

El azar se equivocó: Freud nació demasiado pronto. Quien dedicó su vida a estudiar las neurosis y las obsesiones del ser humano, debería estar ahora en el clímax de su proyecto científico. En estos años de postmodernidad mal digerida, los sueños y sus posibles interpretaciones han perdido cierto valor. La realidad nos empuja a someter a los sueños a un exilio no voluntario. Lo que nos mueve en la actualidad son los pensamientos fugaces aunque, en el caso de tu tweet, llamarlo pensamiento quizá sea demasiado generoso.

Freud escribiría ahora “La interpretación de los tweets” y en ellos descubriría la esencia del aparato psíquico. Analizaría el ello, el yo y el superyó en los 140 caracteres con los que fotografiamos nuestras obsesiones en un conato de selfie mental que haría las delicias del neurólogo austríaco. Leo tu tweet y, sin ser psicólogo, ni pretenderlo, resulta fácil adivinar el tejido freudiano que lo sustenta. No, Miguel Ángel, Twitter no lo inventó El Cid, no es una start up de los Reyes Católicos, no es el reflejo de las consecuencias del imperio español. Twitter es un espacio virtual en el que se comparten ideas, opiniones, pensamientos breves, fotos, vídeos y que, probablemente, constituye un reflejo distorsionado de la sociedad, en su conjunto, y de nosotros como individuos. Es un Babel binario en el que conviven tal multiplicidad de nacionalidades, de lenguas, de ideologías y de puntos de vista que convierten tu tweet en una ridícula mueca carajillera.

España es encantadora cuando es humilde, cuando no transforma la arrogancia de caballero vengador en un leit motiv freudiano. España es maravillosa cuando es más Sancho Panza que Quijote, cuando es más cosmopolita que colonial, cuando es más Antonio Machado que Antonio Burgos, cuando se mira sin complejos pero también sin obsesiones castradoras. Y es una lástima que personajes como tú no lo entiendan.

Soy independentista. Tengo la legítima aspiración de considerar que las personas que vivimos en Catalunya (vengamos de donde vengamos) tendríamos mayores posibilidades de desarrollo si pudiésemos conformarnos como un estado. Puedo estar equivocado, obviamente, pero a eso también tengo derecho. Yo no me quiero independizar de los españoles, yo no apoyaré la construcción de ningún muro, ni físico, ni mental, que me separe de los españoles. Seguiré escribiendo en castellano, leyendo en castellano y hablando en castellano. Seguiré viendo cine español, seguiré admirando a quien hoy admiro, porque si me ha dado igual dónde ha nacido, me seguirá dando igual dónde viva. Pero también deseo que dejen de haber interferencias partidistas, producto de ese pensamiento colonial, que tanto daño ha hecho en la construcción ideológica de este país. De una vez por todas, los españoles deberían independizarse de personajes como tú, de castradores, de apocalípticos, de insultadores profesionales, de personas que todo lo que tocan lo convierten en tóxico, de individuos que levantan muros en lo que debería ser convivencia. Empatía, sensibilidad, escucha activa, humanidad… qué difícil es someterse a lo obvio cuando los espacios son invadidos por seres con apariencia humana que quieren conquistar territorios, para después conquistar personas y, en consecuencia, conquistar derechos y voluntades. Nadie pertenece a nadie. Es tan obvio como que no se deben mezclar los conceptos de red social y de gueto, o los de alcohol y conducción.

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