Carta a Juan Carlos Girauta #ConCariño

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Estimado, o no, Juan Carlos:

Voy a empezar esta humilde carta con un chiste malo:

  • Doctor, doctor. Cada vez que llego a casa mi mujer se pone histórica.

  • Querrá decir histérica.

  • No… histórica. Se acuerda de todas las veces que he metido la pata.

Sí… ya lo sé… es más malo que el programa económico de Ciutadans pero quería empezar destensando un poco el ambiente. Y es que últimamente desprendes más electricidad que Vandellós. Cualquier día de estos te iluminarás como un Gusiluz y, quizá no te llamen de Catalunya Ràdio, pero podrás hacer horas extras de semáforo en Upper Diagonal.

¿A qué obedece esa histeria? No sé si es que alguna antigua novia que te dejó era independentista pero es que los demás no tenemos la culpa. La vida es maravillosa, no hace falta tener esa cara de… (aquí me he autocensurado). No sé… pasea, haz deporte, deja reposar unos minutos tu cara al sol.

Lo que sucede con la histeria es que se necesita tener a un público delante. Nadie padece ataques de histeria en solitario. Si uno está solo, puede aprovechar que su hija está en el cole y bailar con el Just Dance, puede escuchar a Wagner durante horas y pensar que pilota un helicóptero en Vietnam o, incluso, puede coger las revistas del corazón de su pareja y saber qué vestidos se ha puesto Letizia durante la semana (todos caros y de muchos colores diferentes). Pero tener ataques de histeria en solitario está prohibido por la Organización Mundial del Ridículo.

De todas maneras, más allá del legítimo derecho a comportarse como un histérico, seguramente está el derecho de los demás a no ser insultados en nuestra anónima y humilde inteligencia. Porque montar escenas de culebrón de sobremesa sólo está al alcance de actores sobreactuados y utilizar Twitter como plataforma de extraños traumas del pasado para verbalizar neurosis agresivas, está condenado al fracaso argumental. No te he visto levantándote indignado de tertulias en las que se practica sistemáticamente la catalanofobia. Tampoco te he visto defender a los catalanes de los ataques que sufrimos en las redes sociales cada vez que hay un hecho luctuoso. Creo que deberías reservar algunas dosis de histeria para esos momentos. Es que, si no, los demás tendremos la ocasión de ponernos “históricos”.

Pero antes de despedirme, déjame que te haga un regalo. Con cariño.

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