El noble arte de abrir puertas en España

REY RECIBE PORTAVOZ PNV AITOR ESTEBAN

A veces intento tener una cierta mirada de niño, ingenua, inocente, pero dispuesta a cuestionar detalles que como adulto me suelen pasar desapercibidos. Pues bien, esa extraña mirada de niño vocacional, ha encendido un click en mi maltrecho cerebro. Todos hemos visto estos días a los principales líderes de los partidos políticos siendo recibidos por el rey. Sonrisitas, saludos, posado para los periodistas, media vuelta y mutis por el foro. Pero en esa insulsa dramaturgia ha habido un hecho que me ha llamado la atención: la presencia silenciosa en el fondo de la sala de un guardia civil dispuesto a abrir la puerta diligentemente, tanto al monarca como a su invitado. Precioso.

Y ahora es cuando viene la pregunta en el artículo más imbécil que ha publicado este blog desde hace tiempo: teniendo en cuenta que el Palacio de la Zarzuela debe contar con un importante número de puertas, ¿hay un guardia civil apostado al lado de cada una de ellas para que Felipe VI no tenga que cometer el plebeyo gesto de abrir una puerta? Sí, ya lo sé… he desayunado fatal, tengo un mal día y mucho tiempo libre. Todo falso, lo juro señor juez. Pero este hecho ha provocado en mí la extraña sensación de que vivimos en una sociedad que no es tan moderna como creemos. Que un ser humano, al que no ha elegido nadie, decida quién debe intentar formar gobierno ya es raro de cojones. Que su poder se haya transmitido por vía espermática es también más difícil de explicar que la Santísima Trinidad. Pero que un guardia civil tenga como misión diaria abrir puertas a ese ser humano privilegiado… no sé… parece cuanto menos raro. Me imagino a ese humilde guardia civil llegando a casa por la noche y a su hijo preguntándole:

  • Hola, papá. ¿Cómo te ha ido el día? ¿Qué has hecho hoy?

  • Abrirle la puerta al rey.

  • Ah… qué chulo……… (silencio)……… ¿Puedo jugar con la Play?

Y es que, por más expertos en protocolo, en Ciencias Políticas, en Historia y en Monarquía que nos rodeen en las miles de tertulias con las que nos inyectamos para hacernos adictos a la tontería, hay cosas que resultan difíciles de explicar y mucho más de comprender. Supongo que, al final, la decisión de que un guardia civil le abra la puerta al rey es que debe quedar bonito. Los expertos en protocolo podrían haber puesto a varios gatos de restaurante chino moviendo los brazos sincrónicamente al abrirse la puerta o que las luces se apagasen al tiempo que los protagonistas desaparecen envueltos en humo como en un talent show de la tele pero, al parecer, que un guardia civil abra la puerta es la mejor solución. No lo niego pero, al hilo de este imbécil artículo, en este imbécil blog, se plantean innumerables preguntas: ¿hay un guardia civil apostado al lado de la puerta del lavabo para cumplir diligentemente con su misión cada vez que el monarca tiene una humana necesidad de evacuar? ¿Hay un guardia civil apostado en la puerta del real dormitorio con tapones en los oídos para que no escuche nada de lo que sucede en el interior? Todos aquellos que cuenten con vecinos apasionados saben a lo que me refiero.

En resumen, cada vez que veas a un guardia civil abriéndole la puerta al rey, piensa en el tipo de sociedad en la que vives… y, sobre todo, en lo cómodas que son las puertas automáticas de los supermercados.

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