Ello: la eterna obsesión por lo políticamente correcto

esfera

Voy a regalaros un cuento. Pero quiero que sea muy políticamente correcto. No pretendo ofender a nadie y sobre todo, no quiero ofrecer argumentos a favor o en contra de nada, ni de nadie. Para empezar, os voy a pedir que identifiquéis a mi protagonista con el precioso nombre de Ello. ¿Por qué? Porque Ello no es hombre, ni mujer. Carece de genitales, de tendencia sexual y de cualquier atributo biológico, carácter sexual secundario, rol cultural, vestimenta, complemento o comunicación verbal o no verbal que pueda permitir situarlo dentro de ningún colectivo por razón de sexo. De esta manera, nadie podrá etiquetarlo de machista, feminista, sexista o cualquier “ista”. Será, simplemente, Ello. Nadie se atreverá a convertirle en target de ningún nicho de mercado, no será objeto de campañas publicitarias agresivas, ni motivo de controversia en tertulia radiofónica alguna. Tampoco ningún político o política se atreverá a utilizarlo en favor o en contra de aliado o contrincante. Ello será tan asexuado que no aparecerá como paradigma de nada en representaciones teatrales, películas, novelas o espectáculos de marionetas.

Tampoco sabremos el origen de Ello. Desconoceremos el lugar en el que nació, dónde ha vivido en el pasado, dónde vive en el presente o cuál es su lugar preferido para pasar el resto de sus días. Ello no tendrá origen definido, ni lugar específico de residencia. No habrá nacido en ningún sitio y habrá nacido en todos. Nadie conocerá en qué punto en concreto del planeta vive para así evitar que los xenófobos puedan esgrimir ningún argumento peyorativo sobre su origen o lugar de residencia.

Evidentemente, desconoceremos la edad de Ello. ¿Es un/a niño/a, un/a adolescente, un/a joven, un/a adulto/a de mediana edad, un/a anciano/a? Ello no nació en ningún instante, es atemporal, eterno, acronológico. Ello trasciende la idea de tiempo porque así evitaré que nadie se sienta con la tentación de contradecirme con lo qué se siente siendo niño/a, adolescente, joven, adulto/a o anciano/a. Evitaré que Ello pueda convertirse en estereotipo por razones de edad biológica. No será niño/a ingenuo/a, adolescente rebelde, joven esperanzado/a o desesperanzado/a, adulto/a feliz o infeliz o anciano/a cascarrabias o simpático/a.

Por supuesto, Ello no tendrá creencias religiosas y las tendrá todas. Será una especie de ateo/a sincretista. No practicará deporte y los practicará todos. No tendrá ideología política y las tendrá todas. No será extrovertido/a, ni introvertido/a. De hecho, sus actitudes, su comportamiento, sus valores, su posicionamiento ideológico no responderán a ningún colectivo y responderán a todos. Tampoco será posible conocer su status económico lo que evitará todo debate sobre clasismo.

¿Y cómo será físicamente Ello? Ni gordo/a, ni delgado/a. Ni alto/a, ni bajo/a. Será, simplemente, una esfera. La forma más perfecta y, al mismo tiempo, más influenciable. Podrá subir pendientes si la empujas, descender gracias a la gravedad por planos inclinados, conservará la inercia si la lanzas por superficies sin inclinación. Será el sueño de todo lector con ganas de imaginar personajes. En resumen, Ello será un/a bolo/a asexuado/a, ateo/a sincretista, sin ideología y con todas, y, sobre todo, resultará imposible situarlo/a en ningún colectivo que no sea el de las esferas. Además no tendrá origen, edad, ni pasado, ni presente, ni futuro. Sólo espero que no exista ninguna Asociación en Defensa de Esferas que se ofenda por mi cuento.

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