Rajoy y el “segundo antes de”

mano

Estimado, o no, Mariano:

No sé si alguna vez has reflexionado sobre la importancia de ese segundo antes de algo importante en nuestras vidas. Efectivamente, siempre hay un segundo en el que el tiempo parece suspendido, eterno. Busca el vídeo del fatídico 11 de septiembre en Nueva York. Congélalo en el frame que marca el segundo antes de que el primer avión impactara en la torre y verás la Historia de lo que llevamos de siglo XXI. Todo cabe en ese segundo. Ya sé que en ese frame ya estaba todo decidido, que el avión no podía rectificar su trayectoria para evitar la catástrofe y que el drama estaba escrito en nuestras mentes. No obstante, sí que hay segundos que lo pueden cambiar todo: el segundo antes del primer beso, el segundo antes de conocer a alguien que dará un giro a nuestro mundo, el segundo antes de que asome la cabecita de nuestro hijo, el segundo antes de que se vaya quien tanto quisimos… Nuestra vida, al final, se puede condensar en todos esos segundos que nos darán una pista importante de aquello que somos.

Ayer protagonizaste uno de esos segundos. No fue dramático, quizá fuese anecdótico, pero sí que permitió definir quién eres en este momento y, sobre todo, qué sientes. Ahora mismo eres soledad. Pero no te agobies ya que es el estado natural del ser humano. Afortunadamente, no venimos en packs como los yoghourts. Tenemos que aprender a vivir con nuestras soledades y, no sólo eso, también a disfrutarlas. De todas maneras, ayer, en ese segundo antes de que te negases a dar la mano a Pedro Sánchez, algunos verán dignidad, otros orgullo, otros chulería… Yo vi soledad. Te has quedado solo en tu proyecto (si es que existe). Déjame que tire de tópico: nunca una victoria fue tan amarga.

Ahora las preguntas quizá se acumulen en tu cabeza. ¿Cuántos de esos “segundos antes de” te quedan por vivir? El segundo antes de sentarte en el Parlamento como jefe de la oposición, el segundo antes de que Catalunya proclame la independencia, el segundo antes de dimitir… ¿el segundo antes de declarar ante el juez por alguno de los múltiples casos de corrupción de tu partido? Muchos estamos dispuestos a coleccionar en nuestras mentes esos frames, esos “segundos antes de”. Al final, los meteremos en el equipaje para viajar allá donde el futuro nos lleve. Y sonreiremos al recordarlos. Eso sí, también sonreímos pensando qué hubieses hecho en el caso de que esa mano que te negaste a estrechar hubiese sostenido un sobre.

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