Inés Arrimadas y el monstruo artificial

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Estimada, o no, Inés:

Supongo que estarás de acuerdo si afirmo que Frankenstein, de Mary Shelley, es una de las novelas más importantes de la historia de la literatura. En ella, el joven estudiante de medicina, Víctor Frankenstein, crea un cuerpo a partir de la unión de distintas partes de cadáveres diseccionados. ¿Has pensado lo mismo que yo? Muy majo el tal Víctor, ¿no? Hay otros que crean partidos cogiendo ideologías de aquí y allá pero no nos desviemos del tema. El experimento no le sale muy bien (un poco como a Ciutadans en su afán por gobernar España). No te voy a explicar toda la historia para no aburrirte, pero el mensaje de todo el relato es que no podemos desafiar a la naturaleza y jugar a ser una especie de dios creador porque podemos acabar compartiendo destino con un monstruo. Y, al final, ese “monstruo” del que somos padres, puede acabar desafiándonos.

En Catalunya no había ningún conflicto lingüístico, no nos acechaba más monstruo que un pasado de represión. Tras tantos años de dictadura se puso en marcha un sistema de inmersión que pretendía garantizar el conocimiento tanto del catalán como del castellano. Teniendo en cuenta que la lengua propia de Catalunya es el catalán y partiendo de la enorme desventaja del catalán frente a la omnipresencia del castellano, lo lógico era que la lengua vehicular en la escuela fuese el catalán. A partir de ahí, todo parecía funcionar bien. Pero algunos quisieron pescar a río revuelto. Algunos crearon debates artificiales para obtener réditos electorales. ¿Quieres un ejemplo precioso de lo que es un debate artificial? Albert Rivera. Catalán, nacido en Barcelona. Hijo del miembro de una familia obrera de la Barceloneta y de una inmigrante andaluza (como muchos de los catalanes). Educado en el sistema educativo catalán. Muy buena formación. Habla perfectamente catalán y castellano. Repito: habla perfectamente catalán y castellano. Entonces: ¿dónde está el problema?

Quizá el problema es otro y tiene que ver con la sensibilidad lingüística. No hablo sólo de la sensibilidad frente al bilingüismo y de la aceptación de la diversidad. Es algo más profundo y tiene que ver con el fracaso del sistema educativo en cuestiones como el uso social de la lengua o el grado de conocimiento de lenguas extranjeras. Por eso, el debate es otro. Ahora que ya habéis entrado en el parlamento español, me encantará veros defender con igual ahínco que en Catalunya el aumento del conocimiento de la lengua castellana en los ciudadanos españoles (así, en general) y la protección y fomento del resto de lenguas oficiales. Por ejemplo, una medida que ya llegaría muchos años tarde es que en el Congreso y el Senado se pueda hablar en euskera, en gallego o en catalán.

Ah, por cierto, explícale a José Ángel cuál es el origen del partido en el que se ha afiliado. Lo de que el verbo haber se escribe con “h”… Bueno… eso lo dejamos para cuando sepa que una joven política andaluza se ha convertido en jefa de la oposición en el parlamento de Catalunya y que, además, habla un perfecto catalán (mérito suyo, que hay que agradecer, en un intento de no autoexcluirse). El que sí se autoexcluyó fue el monstruo que creó el joven Víctor. Te regalo la confesión final de la criatura: “no tema usted, no cometeré más crímenes. Mi tarea ha terminado. Ni su vida ni la de ningún otro ser humano son necesarias ya para que se cumpla lo que debe cumplirse. Bastará con una sola existencia: la mía. Y no tardaré en efectuar esta inmolación. Dejaré su navío, tomaré el trineo que me ha conducido hasta aquí y me dirigiré al más alejado y septentrional lugar del hemisferio; allí recogeré todo cuanto pueda arder para construir una pira en la que pueda consumirse mi mísero cuerpo”. Adiós, monstruo artificial.

Àlex

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