Caballero manchego @abc_es

jovencaballero

Estimado, o no, redactor del ABC:

Creo que te has precipitado juzgando al chico con tanta ligereza. Quizá sí que se comportó como un “caballero manchego”, lo que pasa es que tenía a Rocinante aparcado en doble fila. El chico, con las prisas, sufrió el clásico “efecto palomita” consistente en saltar en el mismo momento en el que se abre el… Bueno… abandonemos el ejemplo.

Te escribo porque no sé en qué consiste el concepto “caballero manchego”. Estoy realmente intrigado. Qué quieres que te diga, me imagino a un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Me imagino a un tipo que frisa su edad con los cincuenta años, de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza. Vamos, que me imagino a Don Quijote, el manchego más famoso del mundo, después del queso y Pedro Almodóvar. Y, en vez de visualizar a este chico con los pantalones bajados a la altura de los tobillos, lo veo arremetiendo contra molinos de viento.

Y es que, si querías sonar a antiguo, el relato podría haber sido otro:

Un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor pone pies en polvorosa después de que Dulcinea volase cual Ícaro en pos del sol. La mala fortuna quiso que en vez de alcanzar el astro rey, la joven damisela se diese un costalazo en el fondo de una poza, tras haberse dejado llevar ambos por la furia de Eros. En resolución, él se enfrascó tanto en su tarea amatoria, que se evaporó en la nada cuando la perdió de vista en la oscuridad del abismo. No se comportó como un auténtico caballero manchego. Amén. Buen momento para recordar que el Quijote recobró la cordura después de viajar a Barcelona. Muy fan de Cervantes.

Àlex

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