Lo siento, Paula. Habéis perdido

asco

Estimada, o no, Paula:

Puestos a comparar la FUTURA escuela de la nueva República Catalana con un modelo de adoctrinamiento, creo que podrías haber escogido otras referencias más próximas. Incluyo un par de fotografías que quizá te refresquen la memoria.

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Efectivamente, la escuela franquista es el mejor ejemplo de utilización de un modelo educativo como generador de adoctrinamiento. Los niños cantaban el “Cara al sol”, la omnipresencia de crucifijos y vírgenes era más que visible, los retratos de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco presidían las aulas, la metodología de aprendizaje se basaba en repetir frases a modo de mantra y la Historia que se explicaba era pura ciencia ficción. Esa escuela amputó la libertad de pensamiento de varias generaciones y sus efectos devastadores siguen aún presentes en muchos de los tics autoritarios con los que los nostálgicos nos regalan. Afortunadamente, en Catalunya (y en las demás comunidades), hoy los niños no cantan el himno nacional (perdón, no lo tararean), los crucifijos están en los colegios religiosos (o, al menos, sólo deberían estar en ellos), si hay un retrato es de Bob Esponja, se emplean metodologías de aprendizaje como el PBL y la Historia… bueno, si los adultos no nos podemos de acuerdo para explicar a los niños por qué la gente vota a partidos implicados hasta las cejas en corrupción, creo que es más difícil explicar la Historia de manera objetiva. Eso es así para un niño de Granollers, Alcorcón o Massachusetts.

Hablarte de figuras adelantadas a su tiempo como Rosa Sensat sería una pérdida de tiempo con mentes como la tuya (de hecho, dirigir esta carta a personajes como tú, seguramente también lo es). A pesar de todo, déjame que te ponga un ejemplo de lo que es la escuela catalana en la actualidad. Mi hija tiene 9 años y asiste diariamente a una escuela pública en una localidad de la provincia de Barcelona. Puedo afirmar, orgulloso, que es muy feliz en ella. Sus progresos son excelentes. Disfruta con todas las asignaturas y siempre sale de clase con una sonrisa en sus labios. Para que te hagas una idea de que, a pesar de que no es un paraíso idílico, el sistema educativo en Catalunya funciona bien, te haré una pequeña comparación: mi hija de 9 años habla, lee y escribe en una lengua más que el Presidente en funciones del Gobierno de España. En poco tiempo, serán dos. Cierto, también, es el hecho de que en Catalunya el sistema educativo tiene muchas carencias e imperfecciones: hay centros que imparten las clases en módulos prefabricados y los profesores siguen con el sueldo recortado y esperando la paga extra atrasada que ya se ha cobrado en otras comunidades. Otro día, si quieres, hablamos del déficit fiscal y de la ejecución de los presupuestos en infraestructuras por parte del Estado español (aunque, de eso, debes estar muy bien informada por parte de los “imparciales” medios de comunicación españoles).

Una de las mejores amigas de mi hija se llama Busayo. Aunque ella nació en Catalunya, sus padres son de origen subsahariano. Habla, escribe y lee perfectamente en inglés, catalán y castellano. En la clase de mi hija hay niños y niñas de origen marroquí, catalán, andaluz, sudamericano… Y se llevan muy bien. Juegan juntos en el patio, se invitan a las fiestas de cumpleaños, se disfrazan en carnaval y celebran esa extraña mezcla de “castanyada” y Halloween. Uno de los momentos más maravillosos se produce cuando, en Navidad, los padres cantan juntos villancicos. Ver a madres, luciendo el clásico hiyab, mientras cantan versos como “Navidad, Navidad. Hoy es Navidad. Con campanas este día hay que festejar. Navidad, Navidad. Porque ya nació ayer noche, Nochebuena, el niñito Dios” es una emotiva fotografía de lo que es la convivencia. Y ya sé que la convivencia no siempre es fácil pero, créeme, es mucho peor el odio. 

Somos muchos, muchísimos, los padres y madres independentistas que educamos a nuestros hijos en el respeto a la diversidad y a la pluralidad. Y lo hacemos poniendo especial énfasis en el diálogo interreligioso, en la sensibilidad lingüística y en el respeto más profundo por una cultura tan y tan próxima y querida como la española (sí, Paula, se puede ser independentista y no renunciar a la literatura, al cine, a la música, a la gastronomía o a la pintura española). Por eso me llenan de una profunda indignación y hasta asco tweets como el tuyo, nacidos de la ignorancia, del desprecio, de los prejuicios y, lo que es peor, del odio.

Para tu desesperación, debo advertirte que muchos lucharemos para que la escuela de la FUTURA República Catalana sea democrática, integradora, europea, metodológicamente avanzada y, sobre todo, para que sea un espacio que cree demócratas y librepensadores. Muchos apostaremos por una escuela en la que la lengua vehicular sea el catalán pero en la que no se deje de enseñar ni el castellano, ni el inglés. Lo siento. No venceréis. No podréis. No lograréis fomentar el odio. Habéis perdido.

Àlex

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