Cris, el jugador vanidoso #CuentoInfantil

cristiano

Cada día de partido, al entrar en el vestuario, el jugador de fútbol ultrafamoso y ultravanidoso se cambiaba cantando una canción. “soy un jugador tan lindo y juguetón que nadie me iguala. ¡Qué hermoso día! ¿Cuántos goles marcaré hoy? Nadie se resiste a mi belleza, ni a mi inteligencia, soy un jugador tan fino que todo puede y no necesita a nadie, pero todos necesitan de mí. ¡Me tienen envidia porque soy muy guapo!”.

El futbolista se extendió la gomina en la cabeza, se peinó con su ritual diario y mirándose en el espejo del vestuario, exclamó: “¡qué guapo y hermoso soy! ¡Qué aroma exhalo hoy, todos me aclamarán y me aplaudirán, cuando me vean jugar!”. Cris inició su caminata por el el túnel de vestuarios y se encontró con un famoso jugador argentino, a quien miró con indiferencia.

Sergio, el defensa, lo observó sonriendo.

  • ¡Hola Cris! Qué guapo y perfumado vienes.

  • Así soy yo, respondió el jugador sin mirarlo.

  • ¿Has entrenado bien esta semana?

  • Estuve en Marruecos. Yo soy el mejor sin ayuda de entrenamiento – respondió el jugador. Además, salto mucho.

El defensa, muy triste y enojado, se alejó para hablar con un rival. Un delantero que lo miraba con temor le gritó:

  • ¡Cris, qué bien hueles hoy!

  • Así soy yo, sin ayuda de nadie -respondió.

El tembloroso delantero que se escondía entre sus compañeros, sonrió y se cubrió. Mientras tanto, el jugador, muy altivo, le dio un fuerte golpe en la espalda al portero.

  • ¡Ay! -dijo el guardameta-, ten cuidado Cris que me has hecho daño.

  • ¿Y por qué siendo portero eres tan flojucho? – dijo Cris -. Mira qué abdominales tengo.

El portero, enfadado, respondió: “no soy flojucho. Y no me trates así que no te pasaré la pelota”. El jugador altivo y vanidoso afirmó: “no me gusta que nadie se cruce en mi camino, favores no doy, todos necesitan de mí y yo no necesito de nadie”. “Qué suerte tienes” – dijo el portero-. “Yo para jugar bien necesito entrenar pero, sobre todo, necesito que mis compañeros me ayuden”.

Y el jugador, indiferente al dolor del portero por el golpe, saltó al terreno de juego envuelto en su vanidad. El árbitro dio por iniciado el encuentro y al jugador vanidoso nadie le pasaba la pelota. Desesperado, gritó: “¡pasadme la pelota! Ayudadme, un jugador como yo debe marcar goles”. El defensa que lo escuchaba, se acercó y preguntó: ¿quién anda allí? El jugador, gritando, dijo: ¿no me ves? Estoy solo, Sergio, pásame la pelota. “Tú lo puedes todo, salta y salta y a la cima llegarás” – le respondió en tono burlón.

El delantero, que estaba escuchando, le dijo. -salta Cris, salta, que de salto en salto un gol marcarás, tú lo puedes todo y no necesitas de nadie, de lo contrario yo te ayudaría. El jugador llorando su vanidad y viéndose perdido, gritó con mucho esfuerzo: “¡ayudadme, por favor!” El portero se le acercó en un córner y gritó: ”¡Cris, salta, salta que a la cima llegarás, tú lo puedes todo, no necesitas de nadie, demuéstralo!”.

Como el jugador, apenado y avergonzado, decía ya en voz baja: “¡ayudadme, por favor. Tengo que ganar el balón de oro!” Todos al mismo tiempo respondieron: “salta, salta que a la cima llegarás, tú no necesitas de nadie, ja, ja, ja”. Todos se rieron del frustrado jugador. Él hizo nuevamente el intento de saltar, pero todo fue inútil porque empezaba a ser mayor y no había entrenado lo suficiente.

Sergio, el defensa, el delantero y el portero, al escuchar los gemidos del derrotado jugador, se compadecieron y lo ayudaron a marcar. Y, él, al acabar el partido, dijo: “si todos estuvieran a mi nivel, estaríamos primeros”.

Adaptación libre del cuento “Lito, el sapo vanidoso”. A comentarios infantiles, cuentos infantiles.

Àlex

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