El capitán Alatriste y el capitán CeCeOO

reverte

urdaci

El capitán Alatriste y el capitán CeCeOO se han subido a sus monturas para combatir en el tercio de Catalunya. Pueden estar orgullosos los castellanos de la vieja escuela. El festival de la caspa abre sus puertas. Lucen las banderolas y brillan las armas para despedir a sus valientes soldados. Mercenarios del insulto, combatirán en las redes sociales salvaguardando los valores de la vieja España, estúpida para el capitán Alatriste, pero España al fin y al cabo. Subnormal es el valor que conceden a las palabras cuando son para hacer del chascarrillo su punto de encuentro pseudointelectual. Porque cuando el intelecto se pone al servicio del insulto, sólo restan los posos del odio supremacista. No te comprendo, ergo te insulto. Tú no eres yo, ergo te insulto. Tú atentas contra mi maravilloso muro de prejuicios, ergo te insulto.

El capitán Alatriste y su aliado, el capitán CeCeOO, se lanzan en pos de la aventura tuitera. Segregan testosterona, ponen los testículos a modo de lanza, “soy un caballero defendiendo a España”, gritan camino del campo de batalla digital. El capitán Alatriste no sabe que en la contienda hay personas que también lo consideran parte de esa España estúpida que detesta. Y el capitán CeCeOO desconoce las risas que generan en el adversario su concepto de normalidad. Porque lo que a él le parece el linde de lo normal, a otros les provoca una enorme hilaridad. Quizá porque no es normal hincar rodillas en el suelo para hacer del periodismo un ejercicio de servidumbre.

El capitán Alatriste se pierde allá donde acaban los límites de su empatía, que es diminuta, cuando el horizonte se mira a 600 kilómetros de distancia. Flandes fue el aviso de que a nadie le gusta ser colonia. Pero el capitán Alatriste, en su soberbia de caballero defensor de valores caducos, no quiere verlo. El capitán CeCeOO grita mucho y pega poco. Es el personaje que funciona como alivio cómico para que la historia no se torne dramática. Reír juntos. Pasarlo bien. Percibir que la fama pone en su punto de mira a la mediocridad para recordarnos que todo es efímero, como las ínfulas de caballeros a punto de ser derrotados por algo tan poderoso como la ilusión. Porque a los rufianes del insulto se les vence con ilusión, un concepto que no cabe en su trasnochado mundo de beligerancia tuitera.

Àlex

Em pots seguir al Twitter @blogsocietat i també al Facebook