¡Ay, el amor! ¡Ay, Emilia!

emilia

Estimada, pero que muy estimada (o no), Emilia:

¡Ay, el amor! El amor que todo lo puede, que salta barreras sociales, que empuja, que abraza, que detiene el tiempo con sólo mirar. ¡Ay, el amor! Que da nombre a canciones, que aparece en anuncios de colonia, que se extiende por la atmósfera cual lluvia ácida (cabrona, ella). ¡Ay, el amor! El amor que, como diría Shakespeare: “a veces hace de una bestia un hombre, y otras de un hombre una bestia. El amor es un loco tan leal que en todo cuanto hagáis, sea lo que fuere, no halla mal alguno”. “Love! All you need is love. There’s nothing you can know that isn’t known. Nothing you can see that isn’t shown. There’s nowhere you can be that isn’t where you’re meant”, que cantaban los Beatles.

El amor. Ese amor tan profundo, tan leal, tan… generoso que desprendes hacia los catalanes. Ese amor que hace que muchos sintamos tantas y tantas ganas de enmarcar nuestro DNI en un lienzo de oro, para observar los reflejos de esas letras que dicen ESPAÑA. Letras que nos recuerdan que el azar quiso que naciéramos en el nordeste de la península ibérica. ¡Qué suerte la nuestra! Tierra conquistada por amor. Bombardeada por amor con las flechas de Cupido. ¡Ay, cuánto amor! ¡Amor a nuestra lengua! ¡A nuestra cultura que es la de todos porque todos somos una y no cincuenta y una! Amor y más amor. Me gustan los catalanes porque hacen cosas. Tengo un familiar en Vic. Veraneo en la Costa Brava y hablo catalán en la intimidad. Amor prohibido, censurado, constitucionalizado que es lo mejor que le puede suceder al amor. ¡Ay, Neruda! “Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca”. ¡Ay, Emilia! Mi amor recíproco te desea ausencia. Podemos continuar siendo amigos. No eres tú, soy yo. Independízate, por favor. No me mereces. Hazme una DUI en el corazón porque no soporto tanto amor. Me gusta cuando callas (no ho saps prou bé). Porque estás como ausente. Tu ausencia será amor. ¡Ay, el amor! El amor que necesita aire. ¡Que corra el aire entre tú y yo! ¡Que tu voz sea el eco de tu ausencia! ¡Viva el amor!

¡Ay, Emilia! Tu amor en letras mayúsculas (NUNCA MEJOR DICHO). Cuando el amor te ciega y te impide ver la lucecita verde que ilumina ese botón de la flecha en tu teclado. Una flecha que a Cupido se le escapó para que parezca que gritas en Twitter tu amor hacia nosotros, humildes catalanes hambrientos de afecto. ¡Ay, Emilia! ¡Ay, el amor!

Puc escriure els versos més tristos aquesta nit. Escriure, per exemple, la senyera està estelada per tu i jo crido, amb totes les forces: in… inde… independència. Puc escriure des de l’amor a la teva absència. Ai, Emilia! Ai, Neruda! “Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, y éstos sean los últimos versos que yo le escribo”.

Àlex

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