Esos intelectuales españoles

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Esos intelectuales españoles (no todos). ¿Los tienes en mente? Esos intelectuales españoles de adarga antigua, rocín flaco y gaznate bebedor… de buen vino español, por favor. Adictos a la polémica y al discurso de taberna. Con excedente de saliva en la boca cuando hablan de la unidad de España y a los que les tiembla la dentadura postiza si les llevas la contraria.
Esos intelectuales españoles (repito, no todos) que jamás hablan de pobreza energética, crisis medioambientales, paro de larga duración o chantajes bancarios, que hacen gala de una sensibilidad social próxima al papel de lija. Mentes pensantes que quizá escriban buenos libros (en el mejor de los casos) pero que derrapan en las curvas de la sensatez cuando buscan con ahínco que alguien se acuerde de su santa madre. Los habrás visto en algunos platós subvencionados, rodeados de sus congéneres, hablando con eco, practicando el onanismo intelectual en grupo, amenazando, menospreciando, insultando, conviritiendo cada minuto televisivo en una nueva sesión de vísceras con forma de exabrupto.
Esos intelectuales españoles (que tú y yo conocemos) cuya única opinión sobre política internacional pasa por Venezuela y Cuba, países a los que demonizan y utilizan de ejemplo de todo lo malo. El resto de los países del mundo les importa una mierda, sobre todo cuando son pobres. “Que no molesten, cojones”, parecen insinuar cuando se amontonan en fronteras cerradas. “Que sólo vengan los ricos a esta España, una, grande y libre. Que los del turbante dejen la pasta en Marbella”. Intelectuales a los que la diversidad molesta porque jamás se han planteado que el mundo se extiende más allá de su ombligocentrismo.
Esos intelectuales españoles, esos. Muchos escriben a mano porque la tecnología les molesta. Otros tienen cuentas de Twitter en las que se podrían buscar ejemplos para veinte ponencias sobre Sigmund Freud. Intelectuales que, en el fondo, se desprecian entre sí, que luchan para ver quién la tiene más grande, quién orina más lejos, quién provoca más, quién sabe jugar mejor a enfant terrible. Intelectuales de cenas literarias a las que van encantados si es para hablar de su libro, que se acercan al poder para repartir golpecitos en los hombros porque así es el capitalismo castizo, que glorifican la tauromaquia y se indignan con otras violencias, que escriben con el pene cuando se trata de denunciar la violencia doméstica y que exhiben sin ningún tipo de rubor su machismo atávico.
Esos intelectuales españoles (ya sabes a quiénes me refiero) que sólo ven nacionalismo en la periferia pero que son más nacionalistas que el palo de la bandera que ondea en la Plaza Colón. Intelectuales del Santiago y cierra España que desprecian otras culturas que no sea la de Cervantes. Intelectuales que arrinconan aquello que ni conocen, ni quieren conocer. Catalanófobos militantes, homófobos, xenófobos, fobias, fobias, fobias. Pero no es miedo, es ignorancia vocacional, es una barrera mental, es lo que jamás debería tener un intelectual.
Esos intelectuales españoles. ¿Los tienes en mente? Ellos a ti, no.

Àlex

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