¡Corre! ¡Corre! ¡Que empieza Gran Hermano!

mente

Estimada, o no, Mente maravillosa:

Sabeumosh que añosh atrash era difisí escuchá nuestra mousica aquí en Quiuba, perro aquí estamo, tocando para ushtede en su linda terría. Piensou que finalmente losh tiempos están cambiandou. Es verdad, ¿nou?”. Te informo que estas palabras no han sido pronunciadas por Miguel Ángel Rodríguez saliendo del Copacabana a las tres de la madrugada. Tampoco se trata de un cantante de orquesta de un hotel de la costa, poniéndose profundo mientras se bebe un cubata tras actuar ante turistas con vocación de langostino. El autor del discurso es el incombustible Mick Jagger en el famoso concierto de los Stones en La Habana. A eso es a lo que te refieres como “hablar en español”. Supongo que tienes razón. Extrapolo que también el discurso de Ana Botella con su “relaxing café con leche” debe ser “hablar en inglés”. Pero no voy a criticar a Jagger por su esfuerzo en chapurrear una lengua que presumo no utiliza cada día, ni siquiera para comprar pan. Lo que sí voy a criticar es el ansia que algunos tenéis por a) ningunear el catalán b) insultar y c) publicitar vuestra ignorancia. Debe ser una extraña manera de convencer a los catalanes indecisos sobre la conveniencia de compartir DNI con ciudadanos como tú. Debe ser como decirle a una chica “te huelen los pies pero no me dejes porque sin mí no eres nada”. Romanticismo castizo.

Pero no nos desviemos del tema lingüístico. Existe la vieja leyenda urbana entre los hispanocéntricos que con el castellano se puede viajar a todos los sitios, como si en cualquier rincón de Rajasthan pudieses encontrarte a un señor de Paterna, dispuesto a hacerte una paella a cambio de una charla sobre “Mujeres y hombres y viceversa”. Quizá sea así. Quizá el mundo esté lleno de señores de Paterna, o de Albacete, o de Quintanilla de Onésimo, encantados de facilitar la vida a todos aquellos que decidieron no aprender más lengua que el castellano, o a todos aquellos que, no es que no tengan ni la más remota idea de la diferencia entre nación y estado, es que ni siquiera se han preocupado de buscar en Google la diferencia entre lengua y dialecto. Pero, como no soy el señor Google, voy a ahorrarte una lección gratis sobre algo tan básico. Cierra la pestaña de www.soyunintolerante.com y aplícate al noble arte de informarte, antes de regalar a Twitter tu patética catalanofobia.

Es evidente que el castellano es una de las lenguas más importantes del mundo. Y no sólo por la enorme comunidad lingüística que tiene detrás, sino también por la calidad de su literatura. Como catalán, te puedo decir que me encanta haber aprendido a utilizar el castellano. De la misma manera que estoy orgulloso de haber aprendido a escribir, leer, hablar, pensar, soñar o amar en catalán. Y es que el catalán, como todas las lenguas, sirve para comunicarse en el ámbito de su comunidad lingüística. ¿Sorprendido? Sirve, incluso, para mandar a la mierda a más de un indigente intelectual. Ves-te’n a la merda, tros de soca! ¿No es precioso?

Pero, más allá de debates lingüísticos innecesarios, hay algo que me intriga profundamente: ¿lo de autodenominarte “mente maravillosa”, lo dices porque fuiste el espermatozoide más rápido? No quiero pensar cómo eran los que llegaron más tarde. Imagínatelos con su vocecita de espermatozoide: ¡Corre! ¡Corre! ¡Que empieza Gran Hermano!

Àlex

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