Rajoy y “El desencanto” #Salvados

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Estimado, o no, Mariano:

En 1976, Jaime Chávarri dirigió un magnífico documental llamado “El desencanto”. En él, la viuda y los tres hijos del poeta falangista Leopoldo Panero narran sus vivencias y exteriorizan sus conflictos con todo tipo de detalles. De alguna manera, es posible asistir a la decadencia de un régimen marcado por la doble moral y la hipocresía. Pues bien, Jordi Évole trazó en la entrevista que ayer pudimos ver en “Salvados” una especie de remake de aquel documental. Porque, si algo permitió comprobar el trabajo periodístico, fue tu decadencia política y la de estos cuatro años de legislatura en España.

Para empezar, tu paseo por los jardines de la Moncloa me trasladaron de alguna manera a las vivencias de Charles Foster Kane en su Xanadú. Todos recordamos los paseos del protagonista por su mansión en la opera prima de Orson Welles. La soledad del magnate resulta hasta patética. Tú pareces insinuar la soledad del poder con la afirmación: “es un sitio muy tranquilo, pero a veces se te cae encima. No salgo”. ¿Alejado de los problemas de la calle? Un poquito, ¿no?

Después asistimos a un cierto momento de vergüenza ajena. En tu mesa del despacho, Évole hace notar que hay una carpeta con su apellido escrito en la portada. Es como si tu ex novia te pilla con su página del Facebook abierta. Sólo te hubiese faltado decir: “te juro que alguien la ha puesto ahí. No es mía”.

Pero ese detalle sólo fue el preludio de una tormenta de frase desafortunadas. Por ejemplo, sobre la actuación del PP en el accidente del metro de Valencia afirmaste que: “no tengo un criterio sobre ese tema, no puedo saber todo lo que sucede en España. Ni yo ni nadie”. ¡¡¡Chooooof!!! Una jarra de agua fría para todos los familiares de las víctimas por cortesía de la sensibilidad de su presidente del gobierno.

Sobre Puigdemont: “no le he llamado todavía. También podría llamarme él”. Hombre, uno espera algo más de alguien que se supone que ejerce un cargo tan importante por su capacidad de liderazgo. Lo de la iniciativa no debe formar parte de tus virtudes. Lo del liderazgo, obviamente, tampoco.

Sobre tu experiencia como presidente del gobierno: “lo mejor de mi etapa como presidente es que he conocido España. Estoy muy orgulloso de mi país”. Muchos hubiésemos deseado que, si tantas ganas de conocer España teníais, hubieses hecho turismo en tus vacaciones como registrador de la propiedad.

Pero el momento estrella de la noche fue el siguiente:

– Tenemos buenos trenes y autopistas.

– Pero vacíos…

– Sí, vacíos, pero los tenemos.

Mira, Mariano, es como comprar miles de peines para un ejército de calvos y que en una entrevista digas:

– Tenemos buenos peines.

– Pero si son calvos.

– Sí, pero los tenemos.

El problema es que los peines se habrían comprado con dinero público y que tú eres el principal responsable en gestionar ese dinero público. Si se destinan tantos y tantos millones a trenes vacíos o aeropuertos como el de Castellón, uno puede echarle la culpa a los calvos por su alopecia o admitir la responsabilidad de la burbuja inmobiliaria y de unas políticas nefastas.

En fin, como en el cuento, el emperador está desnudo. A diferencia del relato, sin embargo, en España el emperador baila con la chorra fuera, da volteretas, se hace selfies y siete millones de personas le votan. Menos mal que tiene “tuit”.

Àlex

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