La importancia de la tilde en la independenfobia

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Estimada, o no, Zooropina:

Porfi, déjame que empiece por un texto de la Biblia que quedará como muy… no sé… intelectual. Es del Eclesiastés 3, temporada primera:

1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

5 tiempo de mirar el diccionario del Institut d’Estudis Catalans; tiempo de desear que se abra la tierra bajo tus pies.

Bueno… quizá el punto 5 no sale en la Biblia pero no me digas que la pequeñita metedura de pata que has protagonizado no es bíblica. Entonces dije: ¡Ah, Señor DIOS! He aquí, no sé hablar, porque soy joven. Jeremías 1:6.

Aclaremos el asunto para los que no sepan catalán: “neta” es limpia y “néta” es nieta. Por lo tanto, una nieta limpia, sería una “néta neta”. Y, aunque los catalanes a veces parecemos un poco raros (de hecho, una de nuestras comilonas favoritas consiste en comer cebollas alargadas), sabemos que las tildes son importantes. Y, si no, que se lo digan a Chicharito Hernández, exjugador del Real Madrid que aseguró en un tuit que “me toco solo en el cuarto”. Bueno… bien pensado… las concentraciones son muy largas… tu pareja está lejos… Quizá no fue un problema de tilde, ahora que lo pienso.

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En todo caso, amiga Zooropina, la pobre Marta sólo aseguró que era nieta de andaluces y murcianos. Tampoco era necesario enviarle a lavarse la boca. ¡Ay, esa independenfobia”.

Todos metemos la pata de vez en cuando. Especialmente cuando dejamos que los prejuicios invadan nuestros sistemas de creencias. Si la rabia se une a esos instantes en los que no contamos hasta diez, podemos acabar abonados al desastre.

Déjame que acabe con una pequeña anécdota relacionada con nuestra extraña capacidad de tomar decisiones basadas en prejuicios. “El diario de Ana Frank” fue rechazado por un editor que aseguró que “esa chica no tiene una percepción o un sentimiento especial que eleve el libro por encima de una curiosidad”. Bravo, chaval.

Àlex

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