¡Cambiad de malo!

quevedo

Estimadico, o no, Federico (perdona la rima):

Antes de empezar con el motivo real de la carta, déjame que te explique un chiste:

Una mujer pasea a su perro, llamado Mistetas. Durante el paseo, el perro se escapa y se pierde. La mujer lo busca sin suerte hasta que encuentra a un policía.

  • Disculpe agente, ¿ha visto usted a Mistetas, pregunta la mujer. A lo que el policía responde:

  • No, pero me gustaría verlas.

Malo, ¿no? ¿Viejo? También. ¿A que no hace ni puta gracia? Pues así son, exactamente, las comparaciones de Hitler con los independentistas. Vienen a ser la máxima expresión de la puerilidad ochentera. Son como mezclar las canciones de Mecano (Hawaii-Bombay tumbado en mi hamaca. Hawaii-Bombay, toco una maraca. Pachín, pachín, canto una de Machín) con la mala leche de un falangista aquejado de problemas en su próstata. Ya cansa, Federico. Cambiad de malo, malote. Lo de Hitler está muy visto. No sé… tenéis una enorme lista de malos a vuestra disposición: Darth Vader, J.R, Falconetti, Hannibal Lecter, Norman Bates, Tony Montana, Patrick Bateman, Hal 9000, Amon Goeh, Jack Torrance, Cruella de Vil, Tommy de Vito, Antonio Salieri, Sweeney Todd, Freddy Kruger, Lord Voldemort, Cómodo, Max Cady, Leatherface, Al Capone, los operadores de telemarketing que te llaman a las once de la noche… ¡La lista puede ser interminable! ¿Por qué Hitler? ¡Los independentistas, además de un referéndum, nos merecemos comparaciones más imaginativas! ¡Eh, que nosotros nos lo curramos! Hacemos cadenas humanas de 400 Km, llenamos la Diagonal y la Gran Vía dibujando la senyera, nos distribuimos en la Meridiana por tramos con diferentes punteros de colores, escuchamos a Lluís Llach las veces que haga falta… ¡Pero si hasta nos esperamos a que Gabriel Rufíán acabe cada frase! ¡Y eso que tiene el mismo ritmo vital que un geranio fumando porros!

En fin, ya va siendo hora de que nos comparéis con Franco. ¿Por qué no lo utilizáis de ejemplo? Él también asesinó como Hitler. Él también fue un dictador. Él también perdió. Bueno… esto último, no. Pero a cabrón, no lo gana casi nadie.

Antes de acabar esta cariñosa carta (aunque sin ninguna intención de suplicarte que me desbloquees en Twitter) déjame que te obsequie con una pequeña reflexión: si escuchas a Gabriel Rufián, cierras los ojos y se te presenta en tu imaginación, nada más y nada menos, que Hitler hablando en castellano con la velocidad de un octogenario puesto hasta las cejas de Trankimazin, es que estás pidiendo a gritos protagonizar un spin off de Breaking Bad.

Àlex

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