El mimejorismo

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Hoy me he levantado con ganas de inventarme una nueva palabra. Ya sé que los neologismos sólo funcionan si la comunidad lingüística los asimila y después son utilizados de un modo frecuente. Sin embargo, en estos tiempos de crispación y negacionismo, tengo la impresión de que se nos acaban las palabras para expresar lo que sentimos ante situaciones cuanto menos curiosas. Por esta razón, propongo una palabra nueva: mimejorismo. No la busquéis en el diccionario. No existe. Es extremadamente probable que no se utilice en el futuro pero define mi particular manera (probablemente errónea, eso sí) de descifrar determinadas actitudes.

Y ahora os preguntaréis: ¿qué es el mimejorismo? ¿Una religión, un movimiento artístico, una escuela de pensamiento, una corriente filosófica? Aún lo tengo que decidir. Quizá es una actitud vital, una manera simplificada de ver el mundo y de encontrar nuestro lugar en él. Básicamente, el mimejorismo se define por una premisa básica: mi (pon aquí lo que quieras) es mejor. Por ejemplo, mi lengua es mejor, mi cultura es mejor, mi religión es mejor, mi ideología es mejor, mi pensamiento es mejor, mi sentimiento es mejor o, incluso, mi folclore es mejor. Todo gira ante la autoafirmación de que, de alguna manera, tú eres mejor. Le estás diciendo a tus contemporáneos: “yo he sabido encontrar el lugar en el mundo alrededor del cual todo gira, soy el máster del universo, el único ser vivo que ha descifrado el complicado torrente de expectativas ideológicas, políticas, religiosas y culturales por el que han circulado tantos siglos de conocimiento. Miradme, mindundis analfabetos, mi (y lo que venga a continuación) es mejor”.

El mimejorista divide a la población en dos: el resto del mundo y él (o ella). Y lo hace por una sencilla razón: no hay un sólo habitante en el mundo que pueda poner en cuestión su concepción mimejorista de los flujos históricos. Él o ella son seres privilegiados por haber nacido donde han nacido y por haber sabido integrar en su identidad todos aquellos elementos excelsos, sublimes, que lo han hecho ser como es. El mimejorista excluye aquello que cuestiona su mimejorismo. El mimejorista jamás expresa dudas. El mimejorista lo sabe todo. Sabe lo que necesitas pero también sabe que, aunque no se canse de repetirlo desde su privilegiado lugar, tú no serás capaz de conseguirlo. Sólo hay un elegido. Es lo que tiene ser mimejorista.

Tampoco es bueno ser mipeorista (segundo neologismo). Uno puede pasar por la vida pidiendo perdón por existir. Pero entre el mimejorismo y el mipeorismo debe haber un espacio. Algo me dice que tampoco debe ser tan difícil encontrarlo. Otros lo hicieron antes.

Àlex

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