Polemocracia #ÁlvaroOjeda

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Estimado, o no, Álvaro:

Hubo un tiempo en el que la profesión de periodista no había sufrido semejante intrusismo por parte de quienes desconocen por completo cuál es realmente la labor social de este maravilloso oficio. Uno debía pasar unos años en la universidad estudiando a los grandes comunicadores, leyendo, escribiendo, pasando frío o calor para conseguir una noticia con la que los profesores te pudiesen evaluar, contrastando fuentes, documentándose y reflexionando sobre la realidad. El periodismo, se supone que es eso, la manera que tenemos los ciudadanos de que alguien con criterio y con inteligencia nos explique aquello que resulta complicado de entender.

El periodista recopila información, sintetiza, contextualiza y vende un producto. Ya sabemos que la objetividad no existe. En el momento en el que seleccionas unos contenidos, ya estás subjetivizando una realidad que posee tantos puntos de vista como seres humanos tiene este planeta. Por eso, al periodista no le pedimos que sea objetivo al cien por cien. Sería muy ingenuo hacerlo, entre otras cosas por las presiones que recibe por parte de medios ligados en demasiadas ocasiones al poder. Los periódicos, las emisoras de radio y las cadenas de televisión tienen anunciantes y los anunciantes tienen amigos y los amigos tienen ideologías y, aunque no las tengan, deben favores. Este mundo está tan interconectado que la independencia periodística se está convirtiendo en una utopía. Como la independencia en otras profesiones. Por supuesto.

A pesar de todo, hubo un tiempo en el que los insultos no aparecían en los medios de comunicación. Podía o no existir censura, el periodismo podía o no besar manos o dar palmaditas en la espalda al poderoso pero, al menos, no existía esta orgía del insulto al que los apologetas del odio nos estáis acostumbrando.

Es realmente triste que, poco a poco, estemos renunciando a crear una sociedad meritocrática para sustituirla por una sociedad polemocrática. Los méritos en una profesión deberían ser la brújula del éxito. Y, cuando en tu cuenta de Twitter, afirmas orgulloso que eres un “polemista” te estás orinando (metafóricamente, eso sí) en los estudiantes de periodismo que en este instante están en las bibliotecas preparándose para los exámenes. Y, cuando los ciudadanos permitimos que personajes como tú se ganen la vida a través del insulto, del menosprecio, de los gritos y de los chascarrillos con aroma de gin tonic, nos estamos cargando el futuro moral de este país. Por eso, Álvaro, desde este humilde blog te pido que sustituyas esta profesión por otra. No sirves para documentarte, ni para seleccionar información, ni para contextualizarla, ni para reflexionar sobre la realidad, ni para convertir la maravillosa profesión de periodista en un oficio digno. Quizá sirvas para gritar, insultar o hacer del chascarrillo carajillero un nuevo género con el que algunos parecen disfrutar. Pero eso no te convierte en un auténtico periodista.

No quiero resultar apocalíptico, ni excesivamente pesimista, pero si no sabemos expulsar de determinadas profesiones a personas que las denigran, este país tiene muy poco futuro. Cada día hay millones de personas que acuden a sus puestos de trabajo para dignificar su profesión y para ganarse un sueldo con la mayor de las dignidades. Y como, a pesar de todas sus deficiencias, aún confío en esta sociedad que hemos sabido construir, estoy seguro de que encontrarás tu lugar en el mundo. Eso sí, alejado de los medios de comunicación.

Àlex

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