Otitis testicular

otitis

Estimada, o no, presentadora:

¡¡¡Abueeeeeelaaaaaa!!! ¡¡¡Que estamos sordoooooossss!!! Perdona que te grite. Pero es que yo también estoy un poco sordo. Bueno… en realidad, creo que es momento de confesar algo: no es que esté sordo, es que sólo pongo atención en aquello que me interesa. Eso provoca que vaya cogiendo trocitos pequeños de las conversaciones en las que se supone que estoy participando. Un poco es como hacer zapping. Crees que eres capaz de ver varios programas a la vez y al final no acabas de ver ninguno. El problema es que, además, muchas de las conversaciones que se desarrollan a mi alrededor no me acaban de interesar. Hitchcock, cuando asistía a alguna cena de Hollywood, se hacía el dormido si le sentaban al lado de alguien pesado. Yo miro el móvil. Porque si digo veinte “ajás” seguidos, finjo cara de interés más de cinco minutos sin interrupción e intento que se me humedezcan los ojos para mostrar empatía a un tío que me está llenando la cabeza con peroratas insufribles, siento que voy a autoimplosionar en menos de lo que se tarda en decir esternocleidomastoideo (quizá en menos, incluso). Pero, antes de continuar, déjame que te explique un chiste:

Una mujer preocupada porque su esposo no le contesta, decide llevarlo al médico:

La mujer habla con el médico y le dice:

-Doctor, le hablo a mi esposo y él no me responde. Creo que tiene un grave problema auditivo.

El doctor examina al hombre, luego sale y le dice a la señora:

-Señora, su esposo tiene ‘Otitis Testicular‘.

– ¿Y que quiere decir eso, doctor?

-Que su esposo la escucha, pero le importa un huevo lo que usted le dice.

Pues quizás es ése el problema que tenemos ambos: nos importa un huevo lo que se dice. Un psicólogo llamado Carl Rogers realizó una serie de trabajos que permitieron crear el concepto de escucha activa que, básicamente, consiste en estar preparados para escuchar, concentrarse en lo que se está diciendo y proporcionar respuestas. Sí, exacto, es todo lo que no hace Rajoy. Pues quizá sea eso lo que te sucedió. Pensaste que Bruce Springsteen tenía que saludar a España, sí o sí, y le corregiste. Pues no, amiga. Dijo “Hola, Barcelona” y “Hola, Catalunya”. Te podría perdonar si hubieras dicho “hola, caña”, “hola, araña” u “hola, castaña” pero confundir un “hola, Barcelona” con un “hola, España” sólo puede ser otitis testicular (u ovárica, en tu caso).

Y como hemos acabado hablando de confusiones, déjame que te explique otro chiste malo:

El camarero de un restaurante se acerca a la mesa y pregunta:

– ¿Y cómo quiere el señor sus huevos?

– ¡Pues con toda mi alma!

Àlex

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