Fachafantasmas #Guadamur

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Estimado, o no, Ayuntamiento de Guadamur:

Os escribo para advertiros que he visto proyectadas en la fachada del castillo de vuestra localidad las imágenes de dos pedazo de fantasmas. Después de haber sido espectador de muchas pelis de miedo durante toda mi vida, debo confesar que esta imagen acojonaba de verdad. Reíros de “El exorcista” o “Raza”. Ésta realmente daba mucho miedo. No eran dos fantasmas en plan postureo sábana y psicofonías del tipo “¡¡¡uuuuuuhhhh!!!”. Para nada. Eran dos monstruos sanguinarios con bigotito facha y cara de haber tenido poco sexo.

¿Os sucede esto a menudo? No me refiero a lo de tener poco sexo, sino a que aparezcan imágenes de sádicos fascistas en vuestro castillo. No soy un experto en fantasmas aunque ahora que empezará la Campaña Electoral Reloaded veremos a algunos. Estoy convencido de que os deberíais poner en contacto con Iker Jiménez. Esto requiere un “Especial Fachafantasmas” ahora mismo. Ya me imagino la canción de la sintonía: If there’s somethin’ strange in your neighborhood. Who ya gonna call (ghostfascists). If it’s somethin’ weird an it don’t look good. Who ya gonna call (ghostfascists).

Resulta curioso comprobar cómo, a pesar de que estos dos amiguitos de los fusilamientos masivos murieron hace años, siguen haciendo acto de aparición de vez en cuando. Es como cuando una comida te sienta mal y se pasa toda la tarde repitiéndote. La diferencia es que tengo la impresión de que la indigestión es colectiva. De hecho, creo que hay más gente que cree que Franco vive, que fans de Elvis que piensan que el rockero de Tupelo sigue arrastrando sus kilos en algún garito de Las Vegas.

Lo cierto es que vivimos en un país atenazado por los fantasmas del pasado. Para que lleguen sus voces de ultratumba no utilizamos ni tabla ouija, ni mediums con cara de haber dormido poco. Preferimos recurrir a los servicios desinteresados de tertulianos mercenarios o a modernos vídeo mappings pagados con dinero público y promovidos por alcaldesas nostálgicas. Qué bonito sería si pudiésemos convocar todos a la cordura. Ella, pobrecita, no es un fantasma con bigotito facha. La cordura está ahí, cerquita, gritándonos que ya hemos hecho demasiadas veces el imbécil pero, al parecer, padecemos todos de sordera. La cordura es un fantasma que sólo asusta a aquellos que la temen por las pocas veces que son visitados por ella. Ojalá algún día no sea sólo una aparición fugaz, una especie de radiación telúrica a la que sólo son sensibles unos cuantos. Me temo, sin embargo, que tendremos que esperar un poco. Mientras, miremos a los fantasmas que se proyectan en los castillos y, de reojo, a los que nos gobiernan. Como en una peli de terror, nunca se sabe de dónde puede venir el susto.

Àlex

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