La ONG que Albert Rivera lleva dentro

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Estimado, o no, Albert:

Me ha encantado la definición que has hecho de las dictaduras. Lo cierto, sin embargo, es que tambiénf sería aplicable a los cementerios. No hay libertad, pero, eso sí, se respira una paz y un orden que ya la querría la gobernabilidad de España.

Las dictaduras se deben condenar. Sin excusas. Y da igual la ideología que las sustente. Son dictaduras y punto. Por esta razón resulta sospechoso que un líder político nacido en democracia le busque algún aspecto positivo. Sería como decir: tiene una halitosis que haría desmayar a un caballo pero besa de maravilla. Pues, no. Si estás inconsciente por un coma olfativo, no puedes alabar las capacidades amatorias de nadie. Y si no puedes votar en un referéndum (¿a qué me recuerda?) y el gobierno no te da la oportunidad de decidir democráticamente tu futuro (tengo un déja vu y no sé el motivo), la paz y el orden pasan a un segundo plano.

La película Annie Hall de Woody Allen empieza con un monólogo en el que el cómico americano explica un pequeño chiste. Dos señoras mayores están en un parador de montaña y una dice: “hay que ver lo mala que es aquí la comida”. Y la otra replica: “sí, ya, ya. Y además dan unas raciones tan pequeñas”. Pues ésa es precisamente la filosofía con la que muchos están afrontando la realidad actual. “Se están forrando con dinero público, tienen cuentas en Suiza, crean empresas offshores en Panamá, prohiben los referéndums de autodeterminación, llevan a un Tribunal Constitucional lleno de amigos las leyes aprobadas democráticamente por el parlamento catalán, el presidente en funciones parece alelado cada vez que habla, no se pueden hacer fotos al policía que está golpeando indiscriminadamente en una manifestación y, además, las raciones son muy pequeñas”. Vamos, que no hace falta ir a Venezuela para ver falta de libertad.

Aprovecho esta carta para hacerte una preguntas que me rondan el teclado:

  • Si querías una ración de postureo democrático, ¿por qué no empiezas condenando la dictadura franquista con un mensaje claro y sin lugar a equívoco?

  • Si quieres denunciar las injusticias de los regímenes próximos al comunismo, ¿por qué no haces un viaje a Detroit, ciudad quebrada económicamente, considerada además la ciudad más peligrosa de EEUU? Allí podrías denunciar las injusticias del capitalismo y, al menos, disimularías un poco en tu cruzada de ciudadanos sensibilizado universalmente.

  • Si realmente ha sacado la cabecita la ONG que llevas dentro, ¿por qué no viajas a Corea del Norte para entrevistarte con la oposición a Kim Jong-Un? Qué bonita sería una rueda de prensa en Pionyang en la que denunciaras los abusos del dirigente coreano. Puedes acabar tu comparecencia aconsejándole que cambie de peluquero.

Àlex

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