El sexo del pulpo

Pedro_2

Estimado, o no, Pedro:

Te escribo admirado por las capacidades de tu pequeño calvo. Que haya logrado la independencia, sea la que sea, resulta una proeza admirable en este país. De todas maneras, aunque alardees de su emancipación, creo que deberías especificar a qué clase de independencia te refieres. Y es que no todas las independencias son iguales. ¿Se ha independizado del riego sanguíneo? Si es así, sólo me cabe acompañarte en el sentimiento. Le auguro una existencia triste, carente de ejercicio, desprovista de pasión y desenfreno sexual. Todos hemos estudiado ciencias de la naturaleza y sabemos que los pequeños calvos necesitan el aporte de algo de sangre para que se les abra la capota. Es como si a un Porsche 911 Carrera Cabriolet se le quedara atascado el sistema que le permite desnudar sus asientos al calor del sol. No es lo mismo, obviamente. La conducción se torna más rutinaria, como si a esa maravilla de la ingeniería le faltase algo, un… no sé… un poco más de libertad al tomar las curvas.

Otra posibilidad es que tu peluche de un sólo ojo se haya independizado del cerebro. En ese caso, estarías disociando su actividad de cualquier posibilidad de uso racional. Así, vagaría solitario por las galaxias erótico-festivas acompañado de aquellos que aguantan cubatas a las seis de la mañana en un garito de carretera. Hola, ¿has visto a mi pene?, preguntarías a una bella señorita que fuma pero que no es señorita aunque lo parezca. Y ella, cual chiste de Jaimito, respondería: no, pero me gustaría verlo. Eso sí, son treinta euros y la bebida.

En ese extraño caso de independencia fálica, barajo una explicación científica que podría acabar siendo un documental del National Geographic: que seas un molusco cefalópodo. Un pulpo, vamos. El pulpo macho tiene un brazo hectocótilo que realiza unas funciones parecidas a nuestro pene. El problema es que, una vez introducido en la cavidad del manto de la hembra, el brazo hectocótilo se desprende y permanece dentro de ella durante el período de fertilización. En definitiva, el pulpo macho se despide de su pequeño calvo cada vez que liga. Cruel vida la del pulpo. Es algo parecido a lo que les sucede a algunos con las tarjetas black.

En fin, ya me dirás si la independencia de tu polla te acerca a algo parecido a la felicidad. Yo, mientras tanto, soñaré con la posibilidad de que sea mi nación la que se independice. Porque, qué quieres que te diga, prefiero que mi pequeño calvo siga bajo mi soberanía. Es que soy de constitución débil.

Àlex

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