En pelotas como una pipa pelada

chuches

Estimado, o no, Mariano:

Estoy anonadado, sorprendido, pasmado, estupefacto, boquiabierto, maravillado, asombrado e impresionado (cómo molan los diccionarios de sinónimos). Acumulo en mi maltrecha inteligencia emocional todos estos sinónimos ante tu anuncio de que no va subir el precio de las chuches. ¡Bravo! ¡Sensacional noticia para los dentistas, los dietistas y para mi adicción a las botellitas de coca cola!

Danos más detalles, por favor. ¿Cómo han ido las negociaciones? ¿Conseguiste que el ala dura de las piruletas de goma firmase un acuerdo de colaboración? No te fíes de ellas. Son como la CUP: firman un pacto y después te hacen la pirula (nunca mejor dicho). ¿Y las nubes? ¿Por fin dejarán de vagar por el cielo mutando de forma como el pacto de gobernabilidad catalán? Y es que hay tanta gente en las nubes que en poco tiempo dejaremos de ver el sol. Tranquilo, ya haremos una camiseta reivindicativa con ella del tipo: freedom for the clouds and for Catalonia too.

Repito: se trata una noticia maravillosa y nada demagógica. ¡Qué va! ¡Para nada! Lo que pasa es que yo me siento como una pipa pelada. Puedo parecer salada pero, qué quieres que te diga, después de estos años de recortes me siento en pelotas. Es como si, despojada de la cáscara, hubiese dejado de ser yo mismo. Me siento rodeado de Ositos de goma que prometen referéndums, Fresones que dan ruedas de prensa después del Consejo de Ministros, Gusanitos que se quejan del déficit de las autonomías y Corazones pica pica que se emocionan cada vez que hablan de una Constitución que no voté. Y, al final, entre tanto mensaje cursi, entre tanto discurso de tienda de chuches y entre tanto azúcar, presiento que me va a dar un coma diabético. Por eso reivindico desde aquí la triste existencia de una pipa pelada, despojada del derecho a decidir si quiere vivir o no con cáscara y sin más posibilidad que recordar que es salada.

Àlex

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