Cuando la ficción es un insulto #FernándezDíaz

razon

España es un país de ficciones. Se nota en su gran tradición literaria y cinematográfica. Sin embargo, cuando la ficción es uno de los principales instrumentos políticos, la sensación de orgullo resulta diferente.

Todos tenemos una historia. Todos contamos con nuestra propia versión. Y en la ejecución narrativa de nuestra historia, cuando queremos que el público conozca los hechos, ponemos toda nuestra imaginación al servicio de ella. Ésta innata capacidad para maquillar hechos y dotarlos de cierta dramaturgia resulta altamente positiva en un escritor pero en un político o en un periodista debería ser motivo de dimisión.

La realidad es la que es. En ella hay un millón de circunstancias. El contexto es importante. No obstante, en estos dos últimos días, nos ha llegado una historia con un story line muy claro: el ministro de interior se reunió con el director de la Oficina antifraude para fabricar mentiras que desprestigiaran el movimiento independentista. Punto. A partir de aquí, el culpable puede llorar como un crío que acaba de romper un jarrón por jugar donde no debe, el marido que está con su pene fuera en la habitación de su amante puede asegurar ante su mujer que no es lo que parece y el mundo se puede poner boca abajo para que quien hace el pino parezca que está de pie y lo sostiene, pero la realidad es la que es. Y puede haber un millón de periodistas a sueldo para convertir al mentiroso, al infame, al manipulador, al prevaricador, al indecente y al hijo de la gran puta en un ángel renacentista pintado por Miguel Ángel, pero la realidad es la que es. Y podemos hacer de la ficción un instrumento de control de las masas, y podemos volver a mentir por enésima vez, y podemos tratar a la población como un ejército de descerebrados dispuestos a ingerir mierda de nuevo, y podemos escuchar un millón de veces a alguien decir “les hemos destrozado el sistema sanitario” sin que pensemos en las listas de espera de los hospitales o en los quirófanos cerrados, porque “si aparece en la tele o en los periódicos es que debe ser verdad”. Pero la realidad es la que es. Y ya nos han mentido otras veces. Y lo seguirán haciendo. Porque somos pura decadencia. Repito: somos pura decadencia. Ni tenemos norte, ni mucho menos brújula. Nos han disfrazado el norte con patriotismo low cost y nos han quitado la brújula con ficción. Eso sí, España seguirá siendo un país de grandes escritores. Algo es algo.

Àlex

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