William Wallace Rajoy

cameron

Inventémonos una unidad y pongámosle un nombre. Una unidad que mida la capacidad con la que estamos dispuestos a que alguien o algo cambie nuestro sistema de creencias. Ya sé que es complicado cambiar nuestros esquemas pero, ¿por qué no lo probamos? Si el segundo es la unidad del tiempo y el metro el de la longitud, la capacidad para cambiar de opinión también debería tener otra.

En psicología existe un concepto muy interesante llamado disonancia cognitiva. Sostiene que cuando la verdad interfiere con algún esquema personal importante, utilizamos la negación como arma de autoengaño. Lo hacemos para mantener una falsa consistencia interior que nos disminuya el estrés o la incomodidad de reconocer que estamos equivocados. Además, asignamos al error el mismo valor que al fracaso, olvidando que la clave de todo proceso de aprendizaje no es tanto el éxito, sino el fracaso. Aprendemos a fuerza de errores y, por lo tanto, cambiar de opinión no sólo es una aceptación del logro de haberte dado cuenta de tu error, también es la gasolina del progreso personal.

El 4 de septiembre del 2015 David Cameron afirmó que si Catalunya se independiza, saldrá de la UE y se tendrá que poner en la cola. No voy a juzgar si tiene o no razón. Lo que más me gusta de esta afirmación es comprobar cómo la vida da tantas vueltas que los discursos cargados de prepotencia en el presente pueden convertirse en divertidos chistes del futuro. El señor que tanto defendía la eurodependencia en el referéndum escocés, ahora ve cómo el pueblo le da una preciosa kick in the ass y los escoceses que votaron no a la independencia, en parte para no perder la ciudadanía europea, ahora se ven fuera de la UE. Teniendo en cuenta, además, que en Escocia los partidarios del Brexit eran inferiores en número, todo se ha convertido en un maravilloso festival de disonancias cognitivas.

Qué bonito es el panorama ahora para los independentistas catalanes. Ver cómo Margallo, Montoro, Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría, Marhuenda o Inda defienden la independencia de Escocia como salida para seguir conservando su pertenencia a la Unión Europea es un precioso regalo del destino.

No sé cómo podríamos llamar a esa unidad que define la capacidad para cambiar de opinión. Sólo sé que me he comprado palomitas para asistir al momento en el que Rajoy se viste con un kilt con la intención de reivindicar la independencia de Escocia. Huelga decir que su tartán será el del clan de los McSobres.

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Àlex

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