Chulería

dealfonso

Estimado, o no, Daniel:

Me pongo en contacto contigo porque llega la temporada de playa y quiero perder unos kilos. Hago ejercicio e intento comer sano pero ya sabes cómo es el metabolismo de un cuarentón. A nada que te pasas un poco, empiezas a acumular más grasas que la ética de la oficina antifraude. Pues nada, te escribo para saber si la chulería permite quemar muchas calorías. Es que a mí se me antoja que eso de demostrar prepotencia y altanería… no sé… parece como muy… cansado. Me recuerda al viejo anuncio de champú en el que aparecía una periodista asegurando que había aceptado el reto de ser siempre perfecta.

Tengo la impresión de que la humildad es menos exigente que la chulería. Cuando uno es un chulo debe estar todo el día marcando territorio, realizando exhibiciones de sus supuestas fortalezas, ya sean éstas su intelecto, su fuerza física o su capacidad para orinar más lejos. Y, qué quieres que te diga, la inteligencia es relativa, la fuerza física se pierde con el tiempo y la próstata está cada vez más perjudicada por Don Reloj y su puñetera manía de no pararse.

He escuchado las conversaciones que mantuviste con el ministro de interior en ficciones y sólo puedo decir que no había estado en contacto con semejante intercambio de testosterona rancia desde las películas que hizo Jean Claude Van Damme en los noventa. Vamos, que si duran un poco más las grabaciones, me da por invadir Gibraltar al grito de ¡¡¡motherfuckers!!!

Pues nada, si resulta que ser chulo consume muchas calorías, me pondré las grabaciones en el iPod para ir aprendiendo. Sólo espero que no haya ningún pobre animalito cerca.

Àlex

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