Independentista no nacionalista

pacocontreras

Estimado, o no, Paco:

Uno de los recursos narrativos fundamentales del relato oficial en España consiste en identificar independentismo con nacionalismo. Además, se hace especial hincapié en aquellos nacionalismos violentos que se han impuesto mediante el uso de las armas. No se menciona el nacionalismo romántico influido por las ideas de Rosseau, ni el nacionalismo católico del que tantos ejemplos tiene España. Poner a una nación como único referente identitario está mal visto y puedo llegar a comprenderlo. Los 294 metros cuadrados de la bandera de España que ondean en la Plaza de Colón de Madrid, si no son una exageración nacionalista, no sé qué debe ser.

Hablaré por mí. No soy la voz de nadie. Pero deseo manifestar que no me siento especialmente nacionalista. Mi principal referente identitario es Catalunya. Podría estar hablando horas seguidas sobre sus encantos. Sin embargo, no circunscribo la formación de mis intereses y de mis inquietudes únicamente a Catalunya. Y cuando miro las estadísticas de comunidades más viajeras y descubro que Catalunya siempre las lidera, sospecho que muchos piensan como yo y que tan aldeanos no seremos. Por eso, no pierdo ni un solo segundo en discutir con nadie si Catalunya es o no es una nación. Estoy firmemente convencido de que lo es pero realmente me da igual que otros hayan querido construir un nacionalismo excluyente basado en el “una, grande y libre”. Como decimos en Catalunya: “ja s’ho faran”. En resumen, Catalunya es mi principal referente nacional pero no excluyo ninguna influencia exterior en mi intento de (en lo que podrían ser palabras de un pijoprogre) convertirme en “ciudadano del mundo”. Y, por supuesto, ni niego, ni excluyo, el enorme vínculo que ha tenido la cultura española como referencia.

Soy independentista. Eso sí. Puedo estar equivocado pero creo firmemente que el estado español necesita urgentemente reinventarse y renacer como un estado auténticamente democrático. Las estructuras tardofranquistas, los tics autoritarios, la demofobia, el rechazo a su diversidad, el patriotismo chusquero y una falsa idea de modernidad siguen muy presentes. El problema es que, como se demostró el 26J, es totalmente irreformable a medio plazo. Y puedo estar equivocado pero creo que una Catalunya independiente tiene muchas posibilidades de ser un estado normal (sí, sólo pido eso).

¿Se puede ser independentista y no nacionalista? Yo creo que sí. Especialmente si el foco de atención principal es la construcción de un nuevo modelo social, político y económico, más allá de banderas. Los sentimientos nacionalistas que uno ponga en esa construcción pueden ser mayores o menores, dependiendo de la visión o los intereses de cada uno y siempre serán respetables. Pero poner en el mismo cajón independentismo y nacionalismo es una trampa. De hecho, identificar la emoción o el rechazo que te puede provocar un himno no necesariamente tiene que ver con el nacionalismo. Cuando veo la escena en la que los clientes del Rick’s de Casablanca cantan “La marsellesa” ante los nazis, no puedo evitar emocionarme y tengo de nacionalista francés lo que Rajoy tiene de gurú de la comunicación. Quizá me emociono porque lo que reclaman con ese himno es la libertad.

Àlex

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