Permeable a la catalanofobia estructural

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Estimado, o no, Antonio:

Quizá Quimi Portet no debió publicar la foto del camarero. Como también es cierto que quizá ese camarero no debería trabajar en una línea marítima que cubre un origen y un destino en los que hay muchos clientes que utilizan una lengua que él se niega a entender. Y digo que se niega a entender porque todos sabemos, cuando viajamos al extranjero que, aunque no hables la lengua local, con educación, respeto e interés te acabas entendiendo con quien sea. Además, si me permites la broma, para saber que un “cafè amb llet” es un “café con leche” no hace falta tener la Piedra Rosetta cerca. ¿En ese contexto se le debe exigir a un cliente que se quede sin desayuno o que cambie al castellano? ¿Se nos debe exigir a los catalanes que cedamos ante las micro o macrodiscriminaciones diarias? Por supuesto que no. 

Una vez comí en un restaurante croata de Berlín en el que el dueño no hablaba inglés. Yo no hablo alemán. La carta estaba en croata y en alemán. Y yo tenía hambre. Comí, eso sí. No sé muy bien qué, pero fue divertido.

Lo que no puede suceder es que el culpable se convierta en víctima y al revés, como tantas y tantas veces ha sucedido cuando lo que está en juego es la dignidad de quien sólo pretende utilizar su lengua materna en una comunidad lingüística en la que debería estar reconocida. Ese camarero no presta sus servicios en Taiwan, donde nadie le puede exigir, no ya que entienda el catalán, sino tampoco el castellano. Lo hace, repito, en un ámbito lingüístico en el que el catalán es cooficial. Nadie le exige que hable en catalán. Se le pide, en base al trabajo que desarrolla y donde lo desarrolla, que lo entienda y, sobre todo, que no discrimine a un cliente en razón, como en este caso, por la lengua en la que tiene todo el derecho del mundo a expresarse.

Crear un entorno de no discriminación es lo mínimo que podemos exigir a una sociedad que presume de ser democrática. Si se concede la licencia para discriminar, sin que exista ninguna consecuencia, estamos cediendo a la xenofobia, a la homofobia, al racismo, al machismo o a cualquiera de las formas que tiene la violencia para expresarse. Y, lo siento, ahí no caben pedanterías como ser “permeable a la catalanofobia estructural”. Lo que tú defines con semejante lirismo es, simplemente, actuar como un miserable, por muy “currela” que sea . Es discriminar porque sí, por la lengua que hablas, por tu color de piel, por tu orientación sexual, porque eres feo, porque tienes los tobillos gruesos, porque llevas la camiseta del equipo de fútbol rival, porque me has mirado mal, porque me sale de los cojones, que para eso soy más chulo que nadie.

Uno de los ejercicios que se debería poner en práctica en todas las escuelas es que los estudiantes experimentaran durante unas pocas horas qué se siente cuando el entorno te discrimina, cuando te margina. Porque, créeme, no es lo mismo ser el abusador que el objeto del abuso, el agresor que el agredido y el maltratado que el maltratado. Lo que hemos de evitar es que nadie, absolutamente nadie, pueda encontrar la más mínima excusa para discriminar. Si eso no se comprende, España, como sociedad, tiene un gravísimo problema. Problema que se une al de no comprender su diversidad y su riqueza lingüística. En serio, si algo tan básico como erradicar todo tipo de discriminación, sea del tipo que sea, no se interioriza correctamente es que este país es excesivamente “permeable a la ignorancia estructural”. Y, como sociedad, tiene muy poco futuro.

Àlex

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