La llengua no és una possibilitat. Ho és tot

begoña

Estimada, o no, Begoña:

No lo comprendéis. Y no lo comprendéis porque no tenéis interés. Podemos dar más vueltas que un hámster en una de esas ruedecitas con las que juegan y que los expertos os lo expliquen con todo lujo de detalles pero seguiréis sin tener interés. Y es muy triste. No comprendéis la diversidad. Ni la cultura, no ya la española, sino la cultura en general. Ni comprendéis cómo las lenguas han construido puentes entre civilizaciones. Tampoco habéis comprendido que detrás de cada lengua hay una producción literaria que es necesario proteger. Y seguís empleando como arma arrojadiza temas en los que no tenéis el más mínimo interés. Todo pasa por el monolingüismo en la construcción de vuestro supuesto modelo cultural. El resto queda al margen. Y es muy triste, Begoña, muy triste.

Cuando uno no tiene al más mínimo interés en la obra de Paul Klee, en la música de Bach o en la fotografía de Robert Frank quizá no comprenda nada que haga referencia a estos artistas.Y es legítimo. Se está perdiendo el trabajo de auténticos genios pero, al final, uno es libre de elegir qué relación quiere tener con los miles de años durante los cuales auténticas masas de escritores, pintores, músicos, cineastas y creativos en general han ofrecido su punto de vista, único e irrepetible. Renunciar al conocimiento es un ejercicio de libertad, sin duda. Es un derecho, por supuesto. Pero que desde el poder político se insista en la idea de que la exención del conocimiento de las lenguas minoritarias es un derecho, cuando son precisamente las lenguas que deberían estar más protegidas, resulta simplemente indignante.

Ojalá perdáis. Ojalá aquellos que no tenéis ningún interés en la defensa de la cultura, perdáis. Cuando las humanidades siguen teniendo un trato denigrante en el sistema educativo, espero que perdáis. Es más necesario que nunca. Porque si no es así, en poco tiempo veremos a las Begoñas de turno, escribir tuits del tipo “los defensores de Velázquez no queremos quedarnos sin el derecho a la exención en el sistema educativo de Miró” o “los defensores de Manuel de Falla no queremos quedarnos sin el derecho a la exención en el sistema educativo de Joaquín Rodrigo”. Ah, claro. No es lo mismo. Evidentemente. Aún es más grave hacer política para la exención de una lengua. Porque la consideración implícita de que una lengua no resulta útil en el marco de su comunidad lingüística y que se deben hacer políticas para que tenga una consideración residual es, simplemente, genocidio lingüístico. Y en eso sí que habéis demostrado un marcado interés: contra el euskera, el gallego y el catalán. Velázquez, Miró, Falla, Rodrigo tienen cabida en el sistema educativo, por supuesto. Y después uno elige a sus favoritos… o a ninguno. Pero exigir la exención de una lengua es reventar el intento que tenemos muchos padres por construir pensamientos globales, integradores y cosmopolitas, aunque localmente implicados, en la identidad de nuestros hijos. Por eso Begoña, es muy triste. Tot plegat és molt trist. La realitat és la que és. I la gent continuarà parlant en valencià, en català, en euskera, en gallec, en francès o en anglès perquè, tot i que no tinguis interès en aquesta diversitat, tot i que que no la comprenguis, la realitat és la que és. La llengua no és una possibilitat. Ho és tot.

Àlex

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