¡¡¡Abueeeeeelaaaaaa!!! #Margallo

margallo

Estimado, o no, Margallo:

¡¡¡¡¡¡¡Abueeeeeeeeelaaaaaaa!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Que estamos soooooordos!!!!!!

Venga, va, déjame que empiece esta amistosa carta con un chiste:

– Doctor, a veces oigo voces.

– ¿Es usted sordo?

– No.

– Asunto aclarado.

Vale… de acuerdo, es muy malo. Pero es más malo confundir “radio pública catalana” con “república catalana”. Y es que hace tiempo que reclamo la resurrección de Sigmund Freud. ¡Cuánta falta nos hace el insigne austríaco! Son unos tiempos éstos en los que los psicoanálisis colectivos resultan más necesarios que nunca. La psique de nuestra sociedad precisa de un chequeo, muchas terapias de grupo, cajas y cajas de tranquilizantes y alguien que abra la ventana porque huele a nostálgico que echa para atrás.

Estás tenso, Margallo. Estás tenso. Cuando todas las células del cuerpo están tensionadas suceden cosas de este estilo. Freud lo llamó acto fallido. Es una traición del subconsciente que nos puede plantear problemas. Por ejemplo, si alguien te pregunta si conoces a María Lapiedra, tú no puedes decir: “no, no conozco a esa actriz porno”. ¡Acto fallido! Has de decir: “no he leído ningún libro suyo. ¿Es buena?” A lo que tu interlocutor respondería: sí, maneja muy bien la lengua.

Sin ánimo de actuar de abogado del diablo, en tu descargo he de decir que todos estamos muy tensos. Un poco tarados, incluso. Te das una vuelta por las redes sociales y en cinco minutos notas que algo está fallando. Tengo la impresión de que la gente está a medio de segundo de que le estalle la cabeza como en la película Scanners… o en un campamento de verano de la FAES después de una conferencia de Aznar. Hay demasiada agresividad, demasiados recelos, demasiada electricidad ambiental. Y eso no es bueno. Aprendamos de los niños. Cuando un niño se enfada, tiene una pataleta, llora, grita, suelta más mocos que un congreso de griposos pero, cinco minutos después, ni se acuerda. Los niños no están tensionados. Y si su entorno es seguro, no viven con el miedo instalado en su mente. Pero, lo más importante de todo, no tienen rencor. En cambio, nosotros, estos adultos patéticamente incivilizados, a veces parece que vivamos con la sensación de que estamos a sólo un minuto de recibir una hostia. Y ya vale. Yo por lo menos estoy harto. Pues sí. El locutor dijo “radio pública catalana” y seguramente, sin ese temor, hubieses escuchado “radio pública catalana”. En fin, si tenemos dos oídos y una sola boca, debe ser por algo.

Àlex

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