Trincheras invisibles #18Julio

ignacio

Estimado, o no, Ignacio:

80 años. Ya han pasado 80 años del golpe de estado de 1936. Sí, efectivamente, fue un golpe de estado con todas las letras. Contra un gobierno elegido democráticamente, para ser más exactos.

Se le pueden dar muchas vueltas al tema, utilizar la enorme riqueza del léxico castellano para confundir al personal (por ejemplo, llamándole alzamiento) y uno puede apropiarse de la Historia para explicar una sola versión de los hechos, pero lo que ocurrió aquél 18 de julio y lo que este país vivió después, es algo sobre lo que no caben las alegrías que parecen expresar tu tuit.

La guerra dividió a los españoles en dos bandos: los vencedores y los vencidos. Y lejos de conseguir la reconciliación entre ambos bandos, lo que tenemos son personas que siguen poniendo sal en las heridas. Mientras unos reflexionan en sus países sobre el nazismo, o sobre los genocidios en los Balcanes, o sobre dictaduras que ahogaron sus posibilidades de libertad, aquí se sigue practicando el revanchismo atávico. No valió ganar. Al bando republicano se le quiere recordar su condición de perdedor como si tuviese que llevar la carga de esa derrota adherida a su alma, una carga que pasa de abuelos a padres y de éstos a hijos.

Ya han pasado 80 años. Nunca tan pocos habían ganado tanto y tantos habían ganado tan poco. ¿Puede una persona hacer del rencor su motor vital durante tanto tiempo? ¿Es normal que 80 años después se siga celebrando el inicio de una guerra fratricida sin pensar en todo el dolor y en todos los muertos que ocasionó? ¿Puede una sociedad que presume de ser democrática permitir la exaltación de ese golpe de estado sin que todavía se haya hecho una verdadera autocrítica sobre su pasado?

Un breve paseo por la sección de libros de autoayuda de cualquier librería nos ofrece una amplia oferta de ensayos que hablan sobre la superación de los traumas. ¿Dónde está el libro que permita la catarsis que este país aún no parece haber tenido? ¿Quién logrará que se abran todas las fosas comunes para que las familias puedan recuperar los restos de sus antepasados? ¿Quién devolverá la dignidad perdida? ¿Quién se atreverá a romper definitivamente el pacto de olvido que provocó una transición errática? ¿Quién devolverá la memoria a varias generaciones? ¿Cuándo todos los partidos políticos, repito TODOS, condenarán el régimen franquista, admitirán sus asesinatos, su represión, su persecución a otros españoles simplemente por tener unas ideas diferentes? Muchas preguntas. Lo sé. Ingenuas, seguramente.

El genial Borges dijo que “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Me temo, sin embargo, que el relato oficial de la España de los últimos 80 años ha robado a varias generaciones ese “quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Hay un velo, una cortina negra que no deja pasar la luz y que sigue manteniendo secuestradas miles de posibilidades.

Hoy hace 80 años de aquello. Es un buen día para pedirles a los más mayores que nos hablen de unos años en los que el país se dividió entre vencedores y vencidos, en medio de reproches y cicatrices en el alma. Hay trincheras invisibles y derrotas que son victorias.

Àlex

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