Francisco. Episodio 2. Temporada 1.

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Estimado, o no, Francisco:

Estoy preocupado. ¿Qué digo preocupado? Estoy preocupado, intranquilo, inquieto, alarmado, abstraído, pensativo, meditabundo, cabizbajo, turbado, acongojado, maniático y neurótico. ¿No os ha llegado el alquiler? ¿Ni una sola vez en 300 años? ¡No puede ser! ¡Mañana te prometo que hablaré con el banco! Les dejé muy claro que el alquiler de estas tierras catalanas que disfrutamos como arrendatarios debía estar domiciliado. ¡Si es que no te puedes fiar de los bancos! ¿Qué digo bancos? Ni de los bancos, ni de las cajas de ahorro, ni de las entidades financieras, ni de los gestores, ni del coleguita que te presta dos euritos para una birra. No te preocupes. El alquiler te llegará en cuanto hable con el banco. Por cierto, que ya que mencionas el alquiler, lo suyo sería que arreglases unas cuantas cositas aquí. Porque mucho hablar de que os paguemos pero tienes la RENFE hecha un asco. Acumula más retrasos que la ESO de Froilán. Date también una vuelta por AENA. Tiene unas goteras que lo flipas. Bueno… y ya que estamos, a ver si puedes hacer algo con los peajes. Llámalo peajes, robos, estafas, timo de la estampita… En fin, Francisco que un día quedamos y hablamos de las obras y eso.

Pero más allá del tema del alquiler, déjame que te haga una pregunta: ¿se puede ser payés, judío, fenicio y griego todo a la vez? Si me dijeras, ¿se puede ser choni y hipster a la vez?, te diría: hombre, si Kiko Rivera se deja barba, actúa en el Sonar y se viste con camisas de cuadros, quizás. Pero las posibilidades de ver eso son equivalentes a que Rihanna me pida el móvil y me envíe un snapchat con orejas de gato.

Otra pegunta: ¿no has pensado en la posibilidad de que nuestros antepasados catalanes sean precisamente todas aquellas personas que pertenecieron a las civilizaciones de las que hablas? Lo digo porque los viajes low cost no estaban aún de moda en la época de los fenicios, los cartagineses, los griegos o los romanos. Vamos, que todavía Vueling no cancelaba vuelos y el señor Ryanair no había inventado el avión mercadillo (todo barato, oiga. Todo barato). Y, claro, quizás un señor griego que vino con su humilde barquito a Empúries a lo mejor, decidió quedarse. Ya sé que todavía en Lloret no había británicos bebiendo sangría pero… no sé… quizá a ese señor griego le apeteció quedarse. Así, sin más. Sin pensar en hoteles con bingo por la noche o cantantes horteras vestidos con papel de aluminio. Y ese señor griego tuvo hijos. Y sus hijos tuvieron hijos, progenitores, retoños, bebés, descendientes. Y vino más peña de fuera. Y los hijos de los hijos de los hijos se enamoraron de jóvenes que venían de otros lugares del continente. Y tuvieron hijos. Y estos… más hijos. Y más… y más… y más… Hasta que un señor con bigote de Vic sintió la necesidad de colgar la estelada en el balcón para decirle a todos los Franciscos de este mundo que ya vale de tocar lo que no suena. ¡Hombre ya! ¡Collons! ¡Visigodos a mí! ¡Mucho Juego de tronos has visto tú!

Àlex

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