Atrapa la chispa

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Su equipaje era pequeño. Cuatro sueños alcanzados, cuatro derrotas olvidadas, cuatro amigos en un eco lejano. Ató con un cordel su maleta y se fue a recorrer mundo. En el kilómetro cero no se planteó ningún reto. Odiaba los retos. Le sujetaban con fuerza a los ideales de otros que sentía ajenos. No esperaba comentarios favorables, sólo pedía que le dejaran tranquilo, en su punto cero, en su origen, con todo hecho o aún por empezar.

Le hizo una foto mental a la chispa de su mirada. Ojos en un reflejo fugaz. Y en el blanco, la proyección de quien fue. Sólo otro náufrago sin isla, un robinson de secano que miraba el horizonte con la idea de escapar.

Bajó la escalera con su vieja maleta que antaño guardaba fotos en blanco y negro. La ciudad aún dormía. Un gato errante, un charco en reposo, neones que bailaban al ritmo del silencio. Caminaba lentamente pero con paso seguro. Quizá no sabía dónde iba, pero sí de dónde se quería alejar. Un mapa en el bolsillo con cientos de posibilidades. El tesoro que se escondía en la esquina, debajo de la leyenda, allí donde nada existe.

Ya no aceptaba consejos. Los había oído todos ya. Y en cada elogio se sentía indefenso, débil, desnudo frente al mundo y su puñetera manía de aconsejar. Se lanzó al destino con su maleta pequeña de piel cansada de esperar. Se fue a buscar belleza, a apretujarla con sus retinas, a guardarla en su alma porque de la vida ya sólo esperaba eso. La sonata de un músico callejero en Venecia, el mural de aquel callejón de Berlín con los ojos más grandes que se puedan pintar, un deseo escrito en la puerta de un lavabo de Buenos Aires que dice “sálvame ya”.

Su equipaje era pequeño y su historia está por contar. Quizá lo veas a tu lado sonriéndote con forma de rayo que se cuela entre árboles frondosos. Se fundió con el sol en algún sitio del que pudo huir. Atrapa la chispa. No la dejes escapar.

Àlex

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