¡Corre, Mariano! ¡Corre!

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Estimado, o no, Mariano:

Te escribo para agradecerte las simpáticas imágenes que has generado este verano en tus vacaciones. No me refiero a aquellas en las que se te ve pactando con Albert Rivera, ni suplicando a Pedro Sánchez que te deje gobernar. Hablo de esos vídeos y fotos en los que te hemos visto, como tú dices, “caminando rápido”. Aseguras que prefieres caminar rápido porque “corriendo es más probable tropezar”. Gran filosofía. También es más probable que se te escape el autobús pero eso es un tema de los obreros que cogen el transporte público y, en consecuencia, no te afecta.

Me gusta mucho cómo caminas rápido. Culito para atrás. Piernas rígidas. Balanceo de brazos a lo Usain Bolt pero en cámara lenta. Cabeza hacia delante. Y, sobre todo, las gafas de correr. Bueno… parecen las mismas que las de los mítings, las sesiones parlamentarias, los discursos surrealistas y los intentos de explicar la corrupción en tu partido sin parecer Vito Corleone. Eso sí son gafas y no las que utilizaba Clark Kent, el alter ego de Supermán.

Llevo tiempo fijándome en los esfuerzos que han hecho los expertos de comunicación en tu partido para hacerte parecer más humano. Te hemos visto cocinando con Bertín Osborne, darle una colleja a tu hijo, hacerte selfies con Rafa Nadal, comer “miguelitos” en Albacete, pasear con paraguas mientras Soraya Sáenz de Santamaría hacía esfuerzos por no mojarse y, por supuesto, desafiar las leyes de la dinámica con tu personal manera de caminar. Que, aún no lo he dicho, pero creo que es cómo caminaría un pianista con agujetas en las piernas después de haberse pillado los testículos con la tapa del piano. Ya sabes: no hay nada más doloroso, no hay nada más inhumano que pillarse los cojones con la tapa del piano. Mejor no probarlo.

Pues nada: ¡corre, Mariano! ¡Corre! Haz como Forrest Gump. Empieza a correr desde Galicia en dirección al este. No te tropieces con los que hacen el camino de Santiago en dirección contraria. Son los peregrinos los que eligen el camino y es el camino el que quiere que sean los peregrinos. Y, cuando llegues a Catalunya, coge un cercanías de la RENFE. Desearás haber seguido caminando rápido. Venga: ¡culito patrás! ¡Piernas rígidas como columnas dóricas! ¡Cabeza palante! ¡Brazos en balanceo pepero! ¡Y a caminar como si fueses Lang Lang después de una fiesta que se ha ido de las manos!

Àlex

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