¿Qué es corrupción?

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Estimados, o no, Ciudadanos:

Me dejáis mucho más tranquilo. Pensaba que el partido con el que queréis gobernar estaba lleno de corruptos y resulta que no. Los que tratan el dinero público como si fuera suyo; abren su corazón y su cartera ante amistades peligrosas; le joden el negocio a alguien porque, al fin y al cabo, ellos son los poderosos; dictan resoluciones arbitrarias del tipo “hago lo que me sale de los cojones porque para eso son míos”; tratan los documentos como si fueran el Marca del bar; se pasan la confidencialidad de los documentos por lo que vendría a ser el colega que es periodista y le mola compartir marisco; cometen todo tipo de fraudes y negocian lo que les apetezca, a ellos y a su cuenta corriente, aunque sean funcionarios públicos; esos, todos esos, no son corruptos. ¡¡¡PUES ME QUEDO MUY TRANQUILO!!! ¡¡¡VAMOS, LA HOSTIA DE TRANQUILO!!! Más tranquilo que Rajoy mirando una pecera con peces de plástico y admirándose de la riqueza de la vida marina.

Es que en el fondo son muy buena gente. Son tan majos. Estoy seguro de que pasean a su perrito, se emocionan ante la presencia de un osito de peluche y siempre acaban sus whatsapps con la flamenca. A los ojos de sus vecinos, de sus amigos y, sobre todo, de sus votantes, muchos de estos no corruptos son muy buenas personas. Son de esa clase de seres con ADN humano a los que les dejarías la llave del coche, la caja de tu negocio y el disco de Bruce Springsteen pirata que te compraste en una tienda de discos de segunda mano de Boston, Massachusetts. Y es que vivimos en un país en el que… bueno… si este alcalde o este presidente de comunidad autónoma roba un poquito… no sé… como que… bueno… ¿tú ha visto qué bien habla? ¿Y lo guapo que es? Ayer lo vi en la tele y se comió al coletas con patatas.

En serio, Ciudadanos, quiero agradeceros la definición tan acertada que habéis hecho sobre la corrupción. Es como cuando te enamoras del o de la imbécil de la pandilla. Sí, vale… en tu descargo hay que decir que es el único o la única que queda libre. Los demás amigos se han ido emparejando y el nicho de mercado se te ha hecho más pequeño que la bolsa de votantes de Rosa Díez (¿quién es Rosa Díez?). Entonces es cuando tu cerebro, dispuesto a romper todos los prejuicios que ha acumulado durante tiempo, empieza a mirar al o a la imbécil del grupo con otros ojos. Que se ríese de ti en el Facebook cuando colgaste un selfie con Belén Esteban o que siempre se te beba los cubatas sin pedir permiso, carece de importancia. Sí, ya… es un poquito imbécil. Cree que Donald Trump es un Pokemon y que la “vesícula balear” está en Formentera pero… bueno… tiene ojos, ¿no? Y lo que no son ojos… y yo estoy tan enamorado/a… y el amor es tan ciego… y yo quiero ser ministro… y… ¡Ay, la corrupción! ¿Qué es corrupción?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es corrupción? ¿Y tú me lo preguntas? Corrupción… eres tú.

Àlex

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