Demasiada responsabilidad para unas gónadas

maría ast

Estimada, o no, María:

He estado leyendo tu timeline de Twitter y he llegado a tres conclusiones:

a) no cuelgas fotos de gatitos.

b) eres fan de Pedro Sánchez.

c) eres psicóloga, Máster en conducta humana y Analista Forense.

Si esto fuese una encuesta y me preguntaras: ¿qué te gusta más de María? Lógicamente elegiría la primera opción. Porque ser fan de Pedro Sánchez y, al mismo tiempo, Analista Forense, es algo que me causa una cierta inquietud teniendo en cuenta lo bien que se lleva con los barones de su partido y momias varias. Eso sí, ver un timeline de Twitter lleno de gatitos sería algo para lo que quizá necesitara tus servicios. Por lo tanto, te animo a que sigas haciendo comentarios políticos llenos de respeto y bonhomía para evitar la tentación de hacer apología del gatito mimoso.

Dices que estás “hasta los ovarios de que España la gobiernen los catalanes”. ¡Uf, qué tiempos aquellos en los que Zapatero no podría haber gobernado sin los 25 diputados catalanes del PSC! Supongo que, entonces, no te molestarían tanto los políticos catalanes. Lo que sucede ahora es que el PSC está más decaído que la carrera profesional como humorista de Montoro y los chistes que hacen ambas entidades supraterrenales (por eso de estar por encima de todas las cosas) ya no hacen tanta gracia.

Pero no te escribo para ofrecerte este pequeño apunte histórico (o, si prefieres, histérico). Estoy aquí en mi calidad de catalán para agradecerte que en el futuro evites la expresión “los catalanes”. He comprobado que la mayoría de frases que empiezan por “los catalanes son…”, “los españoles son…”, “los asturianos son…” o “los coleccionistas de bolsas de azúcar son…” suelen acabar formando un todo injusto, intolerante y, en muchos casos, xenófobo. Tú que eres psicóloga deberías saberlo. Nuestro cerebro necesita simplificar la realidad para entenderla de una manera más rápida. Así, hablamos de “los catalanes” o “los españoles” para referirnos a un grupo humano de 7,5 millones de personas, en el primer caso, y 47, en el segundo. Por lo tanto, no hace falta ser psicóloga, Máster en conducta humana y Analista Forense para saber que la complejidad humana es lo suficientemente grande como para encontrar argumentos científicamente válidos dispuestos a demonizar a un grupo social (en este caso, por su origen). Porque cuando dices “los catalanes”, ¿qué imagen mental construye tu cerebro? ¿Es un grupo formado por 7,5 millones de Pujols? ¿Tenemos todos la cara de Artur Mas, Oriol Junqueras o Carme Forcadell? ¿Te imaginas a 7,5 millones de Cobis comiendo calçots? ¿A Buenafuente o Berto Romero en una colla castellera? En serio, tengo mucha curiosidad.

En mi modestia de adulto en permanente fuera de juego, te prometo que intento no hablar nunca de “los españoles”. Yo no sé imaginarme a todo un país de 47 millones de habitantes con la cara de un señor de Murcia que lee el Marca en un bar o de una señora de Valadolid que hace pilates para perder unos kilitos. Eso provoca que jamás se me ocurra decir que estoy hasta los cojones de los españoles. No tengo el más mínimo motivo para odiar a un grupo de tantas personas, teniendo en cuenta además que al 99,9999999999999999999% no las conozco. No sé si defraudan a Hacienda, si se dejan la tapa del inodoro levantada o si conducen por el carril central estando el de la derecha libre. O si, en el peor de los casos, llenan su Twitter de gatitos.

Estoy harto del Estado español, de sus estructuras tardofranquistas (eso sí, mantenidas electoralmente por muchos ciudadanos), del autoritarismo, de la prepotencia, de la incapacidad manifiesta para llegar a acuerdos y del rancio mantenimiento de esa costumbre por citar a los ovarios o a los cojones como fuentes universales de conocimiento, reflexión moral o cuestionamiento político. Es demasiada responsabilidad para una gónadas.

#Àlex_Ribes

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