El cuñadismo como escuela filosófica

juan-arza

Estimado, o no, Juan:

Llegó el cuñado. Y llegó con las aceitunas, la cervecita y el palillo entre los dientes. Marcando paquete se apostó en la barra para arreglar el mundo. Gana quien grita más. No importa si los argumentos que esgrime tienen vocación de tópicos o si sus palabras son prejuicios con alma de estereotipos. El cuñado aprendió en la Universidad de la Tertulia, donde las mentiras se transforman en dogmas y los conflictos se resuelven en una preciosa competición de improperios.

El cuñado sabe de todo, pontifica sobre todo, inventa razones que la sensatez desconoce. Sólo hay que poner voz de sociólogo, o de psicólogo, o de psiquiatra, o de antropólogo, o de político, o del neolítico… exacto, sobre todo del neolítico. Que parezca que su reflexión está escrita en piedra y cincelada con el valor de las verdades inmutables.

El cuñado afirma sin conocimiento de causa y es capaz de cometer faltas de ortografía hasta cuando habla. Es duro de roer el cuñado. Parece capaz de demostrar que el cielo es azul porque en él viven pitufos. Que sí, que lo oyó en la radio cuando venía conduciendo. Que lo dijo Perico de los palotes, otro cuñado, pero éste a sueldo de la cadena.

Los cuñados se entienden. Poseen un lenguaje secreto que sólo conocen ellos. Sustentan su sentimiento gregario a través de horas y horas de verbalizar chorradas. Y en cada chorrada inventan un mundo. Ficcionan aquello que sustente sus teorías y rechazan sin paliativos aquello que las pone en cuestión. Pero no importa. Carece de toda interés que su onanismo intelectual carezca de valor argumentativo. Si al final, gritan más o insultan más. En eso consiste el cuñadismo: expresar opiniones sin valor, genéricas, indemostrables. Practicar la sinécdoque como estrategia, haciendo ver el todo en la parte. Seleccionar grupos humanos amplios para hacer la foto en las partes que interesen más. Así todo parece cierto. El cuñado puede decir “el independentismo catalán es integrador: en él caben nacionalistas, supremacistas, racistas, etnicistas, clasistas y oportunistas” y quedarse tan ancho. Sólo le ha faltado decir que: “en el independentismo hay personas con halitosis, a las que les huelen los pies y que aparcan en doble fila”. Ahora vas y demuestras que no es cierto. Porque así es el cuñado, con sus aceitunas, la cervecita y el palillo entre los dientes. Que la frase se podría aplicar a cualquier organización o a cualquier país es algo que sabe bien. Porque si mañana le molestan los inmigrantes, los homosexuales o los runners vestidos con sus prendas deportivas fosforescentes, lanzará al viento una frase parecida. Y le vendrá un eructo provocado por la cerveza. Y otros cuñados le reirán las gracias mientras en una televisión encendida, que nadie hace caso, la vida se antoja compleja.

El cuñadismo como estrategia global, como escuela filosófica en unos tiempos difíciles.

#Àlex_Ribes

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