En Catalunya siempre hay un bar que se llama Manolo

manolo

En Catalunya siempre hay un bar que se llama Manolo. Y supermercados de paquistaníes que tienen cerveza si la noche se pone triste. Hay ancianos arreglando el mundo en un banco del parque, cuando el otoño desnuda árboles y el día se acorta. También hay viudas que bailan solas un pasodoble y una orquesta que toca la Macarena en el peor momento.

Hay en Catalunya turistas despistados que creen que Gaudí diseñó el Camp Nou y japoneses fotografiando las estatuas humanas de las Ramblas, en el instante en el que una moneda activa un movimiento y sus risas siempre tímidas. Hay borrachos en la Plaça Reial además de un soltero que dejará de serlo, vestido de la Pantera Rosa y con el orgullo de quien se sabe protagonista. Hay un millón de conversaciones en idiomas que no sabrías identificar ni con Google translator, guías turísticos con un paraguas que es un tótem en la jungla urbana, ojos abiertos de par en par, alguien que pregunta a qué hora cierran las tiendas, un loco que grita que el mundo se va a acabar y que te sorprenderá mirando el Twitter. #EstamosMuertosEsElFin

También hay en Catalunya vientos que trastornan, tramuntanes que et deixen tocat del bolet, nieblas que te aíslan en mañanas grises y amplios valles con ríos de agua cristalina. Hay bosques mágicos, prados interminables, volcanes que se cansaron de serlo y cielos que te rompen la mirada con belleza. Hay humo de fábricas, también. Y atascos de tráfico. Minutos perdidos por alguien que se olvidó de llevar el coche a la ITV y ahora está con el capó abierto en esa Ronda de Dalt sin cuneta. Hay colas en urgencias, ojos que se pierden en las salas de espera de un ambulatorio, cafés de máquina que saben a rayos edulcorados. Hay colegios con demasiados alumnos y profesores desmotivados pero también proyectos de futuro con docentes cargados de ilusión. Hay adolescentes que se hacen un selfie y que fingen una sonrisa porque se creen invencibles.

Hay en Catalunya millones de personas que algunas televisiones llaman miles y miles que son millones, por arte de magia y de la propaganda. Hay cartulinas de colores, pancartas, consignas. Hay debate, mucho debate. Espacios que se llenan de gente y discursos vacíos en otras partes. Hay intoxicadores e intoxicados, guerrilleros y pacifistas, estatuas de dictadores que parecen la puerta del lavabo de Trainspotting y la sensación de que es mejor no estar siempre enfadado, aunque es peor ser siempre sumiso. Que la vida son cuatro días y con déficit, tres.

¿Temor? ¿A expresar ciertas opiniones? Depende. El 12 de octubre en Montjuïc es mejor no decir según qué cosas. Porque también en Catalunya hay seres antropomórficos que llaman invasores a los refugiados y que amenazan a periodistas, y no precisamente con la organización de una conferencia de paz. Hay miedo cuando el poder se muestra intolerante o cuando los tribunales despojan a los ciudadanos de su esencia como sujetos políticos. Hay miedo cuando los profetas del desastre se visten con discursos gastados que hablan de escenarios de violencia aunque las calles hayan visto manifestaciones masivas en perfecta armonía con papeleras, contenedores y escaparates.

Y sobre todo, en Catalunya, siempre hay un bar que se llama Manolo, en el que ver un partido entre el Barça y el Madrid, y en el que paga las cañas quien pierde. Y ancianos polemistas. Y una viuda que baila sola. Y una orquesta que toca la Macarena. Siempre, en el peor momento.

#Àlex_Ribes

Em pots seguir a

logotw  Twitter @blogsocietat 

Unknown Facebook

El llibre del BLOG SOCIETAT ANÒNIMA ja és a la venda en diferents webs (FNAC, La casa del llibre, Laie, Amazon, p.ex.) i a les millors llibreries (que són aquelles que tenen el llibre, obviament). Si no el trobeu, el podeu demanar al vostre llibreter.