“Zará” maravilloso

albiol

Estimado, o no, Xavier:

Has dicho que “los independentistas quieren eliminar todo lo que se pueda relacionar con España de las calles y la sociedad catalana”. Tienes razón. La situación es catastrófica, apocalíptica, terrible, aciaga, calamitosa y dantesca. Como la evolución del voto al PP en Catalunya, para que me entiendas. Los independentistas, que son malos, muy malos (al nivel de Jack el Destripador o el inglés de Rajoy) se están volviendo locos. Quieren que desaparezca todo vestigio de cultura española.

Un ejemplo, el Museu Nacional d’Art de Catalunya ha escondido todas las obras de Velázquez, de Picasso y de Berruguete en el lavabo. ¿Sabes que siempre hay una puerta cerrada con un letrero escrito en papel que dice “no funciona”? Pues dentro está el arte español que han escondido los secesionistas. Además, hay indepes disfrazados de guías turísticos que, alzando sus paraguas decorados con la estelada, llevan a grupos de japoneses al Museu D’Història de Catalunya con la promesa de que dentro está el Museu Picasso. Son terribles estos independentistas.

Pero eso no es todo. Por la noche, se parapetan detrás de los contenedores para esperar al reparto de la prensa en los quioscos. Entonces, salen corriendo al grito de “a la merda, Marhuenda” y roban todos los ejemplares de La Razón. También se llevan el Penthouse… Que yo lo he visto… Bueno… Yo también lo hice… pero fue para ampliar mis conocimientos culturales.

Y no sé si te ha llegado lo que sucede con las paellas. Es catastrófico, apocalíptico, terrib… Esto ya lo he dicho, ¿no? Hay brigadas de indepes dispuestas a acabar con cualquier rastro de la gastronomía española de las calles y de la sociedad catalana. Se pasean por las Ramblas cambiando las paellas por botifarra amb mongetes a todos los turistas que han osado alimentarse con lo que ellos consideran un plato maligno, propio del hispanocentrismo castrador y colonial del Estado español, pero con gambas y mejillones. Una vez vi como uno de ellos le quitó un langostino de la mano a un pobre alemán y lo sustituyó por un calçot. Aciago, calamitoso, dantesco… y con romesco.

Lo peor es cómo se trata a la bella, grácil, pacífica y, armoniosa con la naturaleza, cultura de la tauromaquia. Es tan y tan bonita la fiesta nacional. Cuando el torero se pasea con el culito prieto, dentro de ese traje tan discreto y tan hipster, con sus genitales poniendo el intermitente porque van a girar a la izquierda, no puedo sino emocionarme. Es tan vanguardista, tan acorde con la modernidad, que aún no sé por qué no hay en el Sónar o en el Primavera Sound un homenaje a José Tomás, al Juli, a Alejandro Talavante o al banderillero que va delante (perdona la rima). En serio, se me pone la piel de gallina cuando el banderillero le clava la banderilla al toro y mira al tendido como diciendo “¿lo véis? No tengo el graduado escolar pero soy el puto amo”. ¿Y cuando empieza a sangrar el toro? Cómo resbala la sangre por su cuerpo. Precioso, de verdad. Y los gritos de dolor del animal. Pura lírica. Y llega el señor del caballo y le clava la lanza. ¡Venga! ¡Dale caña! Si es que me siento como Hannibal Lecter: “¿han dejado ya de llorar los toros, Clarice?”. Y el momento del clímax. Ver cómo la espada atraviesa el cuerpo del animal es una experiencia poética. Olé. Y degollar ya es… no sé… la sublimación de la catarsis. Qué tonto el Marques de Sade al no interesarse nunca por semejante actividad. Es bello ver cómo el espada remata al toro con una o más estocadas mal dirigidas en el cuello, de modo que a veces el animal echa sangre por la boca. Forma parte de la cultura española, forever and ever. Será precioso cuando en el siglo XXII los toreros lo sigan haciendo. Las naves espaciales estarán aparcadas en el exterior de la plaza, levitando en modo stand by, mientras en las gradas los aficionados taurinos seguirán aplaudiendo la hemoglobina de los animales. Precioso. Los toreros llevarán trajes de leds y las mantillas de las mujeres estarán fabricadas en un taller ilegal que algún descendiente de Amancio Ortega tendrá en la luna. “Zará” maravilloso.

#Àlex_Ribes

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