Hasta con los menores de edad #Catalanofobia

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Estimado ciudadano anónimo del futuro:

Te escribo con la esperanza de que esta carta te sirva para entender un poco los tiempos que vivimos en el 2016. Pero, sobre todo, te escribo con la ilusión de que lo que te voy a explicar sea algo que no exista en tu época y de que tu sociedad sea un espacio bastante más humano que el que me ha tocado vivir a mí.

Voy a explicarte, muy brevemente, qué es la xenofobia. Se trata del miedo, odio o rechazo al extranjero. Ya lo sé, seguramente en tu tiempo la tecnología y la mejora en los transportes hayan provocado que el mundo esté tan absolutamente mezclado que ya no se sepa quién es extranjero y quién no lo es. Los matices serán tan difíciles de establecer que este tipo de temas se habrán superado. Espero también que la homofobia, el racismo o el machismo hayan desaparecido del espacio público y que vuestras redes sociales sean un espacio en el que compartir inteligencia y no un lugar en el que visualizar lo peor del ser humano. Soy un iluso, ¿no?

En todo caso, déjame que te explique qué es un xenófobo. Básicamente es un tipo con miedo. Es un tipo que no ha superado el proceso de hominización, aquella transformación de primate a humano. Ya sabes que la organización social de nuestros antecesores conllevó enfrentamientos y exterminios entre grupos vecinos. Pues los xenófobos aún ven la realidad de esta manera. Experimentan fuertes sentimientos de pertenencia a un grupo, al tiempo que su sistema de defensa se activa ante lo desconocido. Temen perder su status, si es que realmente tienen alguno que vaya más allá de su miseria moral. A medida que las sociedades se hicieron más permeables y, coincidiendo con la necesidad del ser humano de viajar, se produjo un trasvase de información entre ellas. El extranjero era un portador de conocimiento y de información. El xenófobo rechaza algo tan simple. Cree que su sociedad es la mejor y que él es portador de algún tipo de sabiduría universal, opaca para el resto de sociedades. Sí, ya lo sé… es algo parecido a actuar como un imbécil. Por eso precisamente es un problema, ya que algunos incluso expresan con violencia esta disfunción.

Puedes pensar que la xenofobia se desarrolla únicamente en unas pocas personas y que, además, pertenece a la esfera de lo privado. Estarías equivocado si pensaras así. Hay políticos xenófobos, periodistas xenófobos y medios de comunicación que han hecho de este discurso su línea editorial. Se atreven, incluso, a demonizar a menores de edad. Y lo hacen con menores que ni siquiera son extranjeros, sino que forman parte de un territorio que, de momento, forma parte de su mismo Estado. Es odio. Es maldad. Porque estas personas no son xenófobas por su ignorancia, son xenófobas porque con su actitud quieren hacer daño. Puede que la gasolina sean los prejuicios, los estereotipos y esa manía de rechazar aquello que diverge con sus sistema de creencias, modelado con prepotencia y autoritarismo. El resultado es altamente nocivo cuando los altavoces son potentes porque cultivan en otras personas la semilla de la xenofobia. Son líderes de opinión que generan conflicto social, pudiendo ser el detonante de auténticas barbaridades.

Así son los xenófobos, estimado ciudadano del futuro. Espero que en tu época estén en los museos. Hoy los tenemos que sufrir cada día. Pero eso no significa que nos resignemos a su presencia.

#Àlex_Ribes

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