Sopa de Cabra no es una receta de Arguiñano #MéndezDeVigo

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Estimado, o no, Ministro:

Leonard Cohen inspiró, emocionó, hizo reflexionar, dotó de poesía a la música, acompañó a muchas parejas en momentos de silencio e intimidad, pero hacer bailar… no sé… poquito, ¿no? Quizá me equivoco pero creo que no sonó en Pachá, ni David Guetta lo ha pinchado en uno de sus shows. Puede suceder otra cosa: que seas de los que bailas hasta la música del Telediario. Cierro los ojos y te veo marcándote unos pasos con las Variaciones Goldberg de Bach y me emociono sólo de pensarlo. ¿Qué haces? ¿Mueves el cuerpo como un bailarín de swing con el aria del principio? ¿Bach es más para bailar agarrado en plan chotis siglo XVIII? Lo que puede resultar espectacular es verte bailar la Cabalgata de las Walkirias de Wagner a lo Apocalypse Now. “Me encanta el olor del breakdance por la mañana. Huele a… esguince”.

Leonard Cohen no hizo música específicamente para bailar o, al menos, no creo que lo más importante de su carrera sea eso. Es como si dijeses que lo más importante en la vida musical de Jesulín de Ubrique fue el “toa, toa, toa”. Bueno… quizá no sea el mejor ejemplo. Leonard Cohen habló sobre política, religión, sobre las relaciones personales o la depresión… Fue un poeta que ejerció de músico o un músico que ejerció de poeta pero ni escribió reggeaton, ni rockabilly, ni hip hop. Como máximo podías gritar “Hallelujah” después de haber alcanzado el éxtasis en el noble arte del fornicio, pero convertirte en una copia de Fred Astaire me parece a mí que no. Aunque ya sé que hay gente que para bailar “agarrado” es capaz de ponerse hasta el sonido del Big Beng marcando las doce. La una para los que tienen mucha prisa.

Y ahora que estamos en este extraño momento de intimidad en el que los cuerpos se apretujan, voy a confesarte algo. Tengo la sospecha de que darle el ministerio de cultura a un señor de derechas es como ofrecerle un trabajo de carnicero a un vegano. Quizá lo haga bien pero vas a hacerle sufrir para nada. Mételo en una frutería y estará en su salsa. Los ministros de cultura derechones habéis tratado a la cultura con desgana o, incluso, con cierta inquina. Tenéis extrañas costumbres como intentar españolizar a los niños catalanes, hacer creer a la gente que la tauromaquia es más una forma de arte patrio que de tortura o poner un 21% de IVA a la cultura. Feo, señor ministro. Feo.

Una prueba de que cultura y gobierno de derechas resulta una combinación complicada fue el caso de Jesús Pérez Varela, exconselleiro de cultura de la Xunta. Este señor acudió, previo aviso a la prensa, a comprar una entrada para un festival de música que organizaba él mismo. Cuando una reportera le preguntó qué concierto había elegido, no dudó un solo instante: “El de Carmina Burana, que es una de las buenas cantantes de este país, con la Orquesta Sinfónica de Galicia”. Por eso, déjame que, para evitar otro desliz, te diga que en el mundo de la música Rosendo no es un pan, Kortatu no hacía baladas románticas y Sopa de Cabra no es una receta de Arguiñano.

#Àlex_Ribes

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