Llámame. Yo también

chesco

Estimado, o no, Chesco:

En su obra Una teoría sobre la motivación humana de 1943, Abraham Maslow propuso una teoría psicológica muy interesante que es conocida como la “jerarquía de las necesidades humanas” o “pirámide de Maslow”. A las siete de la mañana, un domingo, hecho puré de beber ginebra a granel en garitos de mala muerte y con ganas de pillar el sobre, también es conocida como “Teoría de me da igual tener un billete de 50 euros en la mano si no sé dónde se esconden los taxis cuando necesitas uno”.

Esta teoría nos habla de una pirámide en la que se establecen cinco niveles diferentes de necesidades: necesidades fisiológicas (alimentarse, descanso, sexo, sexo, sexo…), seguridad (física, de empleo, de salud, de que Rajoy no improvise un discurso…), afiliación (amistad, afecto, sobresueldos, amigos en el ministerio…), reconocimiento (confianza, respeto, éxito, no ser Bertín Osborne…) y autorrealización (escribir un libro tan maravilloso y recomendable como BENVOLGUT, O NO, de venta en librerías de culto).

Maslow dice que sólo se atienden las necesidades de orden superior si las inferiores están satisfechas. Te lo traduzco: no me hables de la Champions, si aún no tengo garantizada la permanencia. O, en el caso de un ave rapaz de discoteca: no vayas a comprar preservativos, si aún no sabes ni cómo se llama y ni siquiera te ha mirado.

La teoría es muy bonita pero creo que hay que actualizarla. Yo por debajo de las necesidades fisiológicas incluiría un nivel 0: la necesidad de tener cerca un diccionario. Si ya de por sí el nivel de lectura es parecido al nivel de conocimiento musical que tiene el flamante ministro de cultura, alias “Leonard Cohen no es Leonardo Dantés”, imagínate si te pido que consigas un diccionario cuanto antes. Lo digo porque creo que no tienes muy claro qué es la xenofobia. El diccionario de la RAE no se anda con rodeos: fobia a los extranjeros. En consecuencia, si según tú “los separatistas vascos y catalanes son xenófobos con sus hermanos españoles”, sólo me queda decirte, gracias. En serio, gracias por considerarnos extranjeros. Veo que ha costado unas cuantas manifestaciones y más de veinte leyes catalanas suspendidas por el Tribunal Constitucional. Ya nos empezáis a ver como extranjeros. Pues nada: adéu y agur. Gràcies y eskerrik asko. No es por ti. Es por mí. Llámame. Yo también. No… quería decir que ya me llamarás no que… Ups, perdona, yo pensé que te referías a… ya ma… Bueno, déjalo.

La segunda razón por la que necesitas un diccionario, además de una sesión de psicoanálisis, es que llamas xenófobos a los separatistas pero calificas de chusma a los extranjeros. Bravo. Tu tuit es un homenaje a la doble moral, a la disonancia cognitiva y a “¿ese tipo del espejo soy yo?”. No te preocupes. No estás solo en el club de “nacionalistas son los demás, no te metas con mi pulsera con la bandera de España” y “no soy racista como esos panchitos, esos moros y esos negritas”.

Por cierto, lo que llamas “hermanos españoles” en realidad son padres, abuelos, tíos… Afortunadamente, los independentistas somos hijos, nietos o sobrinos de inmigrantes. Eso nos da una visión integradora que ya les gustaría a otros que califican como chusma a los extranjeros.

#Àlex_Ribes

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