Los hombres del código de barras

catalufos

Dear (or not) american friend:

Ya sé que estáis en boca de todos por haber elegido a un presidente machista, racista, maleducado, agresivo e intolerante. Si no sería ese tipo de persona que optaría a un puesto de trabajo en contacto con clientes, imagínate lo que puede suponer darle el botón nuclear. Cualquier día de estos se le gira el tupé y la da por jugar a la PlayStation con el Mexican Street Fighter. Esta polémica elección me recuerda a cuando, por rebote con el tutor, se elige al más tonto de la clase como delegado. Al principio todo son risas, pero después el grupo se arrepiente cuando el delegado se olvida de ir a las reuniones y se queda sin fiesta de fin de curso.

Lo que seguramente no sabes es que vivo en un país extraño. Encantador en muchos aspectos pero muy desconcertante en otros. Vivo en un país que es un poco como el Betamax: en su momento (bueno… hace muchos momentos) dominó el cotarro pero ahora sólo está en manos de frikys nostálgicos. Y no sólo eso, los frikys nostálgicos pretenden que creas que las pelis se ven muy bien en un Betamax cuando sabes que, por lo que pagas con tus impuestos, te mereces un Bluray, un Home Cinema 5.1 y un televisor 4K.

Para que te hagas una idea: se habla del muro de Trump, pero en mi país ya hay uno (o mejor dicho, dos). Son más bien unas vallas, para ser más exactos, pero tienen la misma función. Date una vuelta por Ceuta y Melilla y sabrás a qué me refiero.

También tenemos a un presidente que puede ser muchas cosas pero que, definitivamente, no parece el más listo de la clase. O, al menos, el que toma las decisiones más rápido. Está activado en modo Don Tancredo desde que inició su particular Wikipedia de frases sin sentido. ¿Que no sabes qué es esto de Don Tancredo? Fue un lance taurino consistente en que un individuo vestido de blanco esperaba al toro a la salida de chiqueros subido en un pedestal. El mérito consistía en quedarse quieto para que no te embistiera el toro. Es la perfecta definición del presidente. De momento le ha funcionado. Sigue en su pedestal, rodeado de corrupción por todas partes, con Catalunya haciendo las maletas y él, ahí, quieto, aburriendo al personal.

Pero no te vayas, aún hay más. Quiere prohibir los memes. No le gusta que la gente coja una foto y le inserte un texto más o menos divertido. Al parecer, es uno de los grandes problemas del país. Transformar una foto como ésta:

mariano-rajoy

en un meme como éste:

meme

quiere que sea delito. Lo que no piensa es que es una de las maneras más pacíficas que tiene la gente de expresar su ira. Si ya ni el sentido del humor está permitido, el Betamax nos acabará pareciendo tecnología punta.

Hay en este país además personas que miran los códigos de barras en el supermercado. Sí, ya lo sé, parece raro. Quieren boicotear a los productos catalanes. En su maravillosa teoría económico-política es una especie de placebo que mezcla a Milton Friedman con Torrente, el brazo tonto de la economía globalizada. Te dicen que Catalunya la levantaron los andaluces pero después olvidan a los andaluces (o extremeños, o gallegos, o murcianos) que viven en Catalunya y que trabajan en esas empresas que quieren boicotear. Olvidan también que la mayoría de productos se elaboran con materias primas que proceden de proveedores de otras comunidades autónomas o que si la economía catalana coge un constipado ya pueden ellos meterse en la cama a la espera de que les suba la fiebre. En fin, son los Bar Code Men, unos superhéroes de pacotilla con un escáner en los ojos que pretenden salvar a España mirando los códigos de barras de los embutidos y que buscan fuet no catalán como arqueólogos en pos del Santo Grial.

For these reasons, dear (or not) american friend: you’re not alone. World’s gone crazy.

#Àlex_Ribes

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